Victoriano segura (1941) -8

El hombre habia salido al balcon. Lo hizo durante un instante; asomo hacia la multitud su rostro duro, y entro de nuevo a toda prisa. Ese movimiento acentuo las sospechas de los que las teman. El hombre habia hallado el dinero y andaba buscando por donde esca- par. A seguidas volvio a salir, armado de un palo que seguramente habia sido la pata de una mesa; y brutalmente, con una seguridad y una fiereza impresionantes, comenzo a golpear la balaustrada del balcon por el extremo que daba al techo de la casa de don Julio Sanchez. Entre el piso del balcon y ese techo podia haber una diferencia de vara y media, que se convertian en dos varas y mediadesde el pasamanos; ademas. podia haber una vara de espacio vacio de una casa a la otra. La multitud comprendio de inmediato que el plan de Victoriano consist ia en romper la balaustrada para saear por ahi a la vieja.
—;Que suban algunos al techo de don Julio! —comenzo a pedir la gente. una voz por aqui, dos por alia, otra mas lejos.
Fue admirable la prontitud con que aparecio una escalera. Tal vez era de los bomberos. Pero nadie ponia atencion en los bomberos ni en los policias. Es el caso que aparecio una escalera, y tres o cuatro hombres la agarraron al tiempo que otros trepaban hacia el techo. Mientras tanto, alia, arriba. indiferente al fuego del balcon que avan- zaba hacia sus espaldas, Victoriano Segura iba destrozando la balaus-trada. Logro romper el pasamanos y se prendio de el con terrible fuerza; lo halo, lo removio. Cuando lo hizo saltar se detuvo un poco para quitarse la camisa. Al favor de las llamas se vio entonces que a pesar de su delgadez era musculoso y fuerte como un animal joven.
Seis o siete hombres que se movian tropezando y estorbandose lograron ganar el techo de la casa de don Julio; alguien les grito que subieran la escalera para ayudar a Victoriano. A ese tiempo este habia hecho saltar todos los balaustres y habia entrado de nuevo en la casa. El humo iba saliendo por las puertas, en violentas bocanadas gris negras que avanzaban como impetuosos remolinos. Parecia imposi- ble librarse de su efecto. La anciana no podria salvarse, cosa que todos aseguraban en voz baja. Tambien estaban seguros, a tal altura, de que Victoriano iba en busca de la vieja.
Ya habia sido eliminada totalmente la ultima sospecha. En medio de la angustia los sentimientos iban desplazandose. Mucha gente penso que la anciana no podria salvarse, pero que el hombre si, si no seguia arriesgandose. No se daban cuenta de que Victoriano habia pasado a ser el objeto de la preocupacion general. Inconscientemen- te, la multitud empezo a moverse hacia el sitio donde se hallaba su mujer. Despues de haber gritado el nombre de su marido, ella se habia quedado inmovil, con la boca cubierta por una mano y los ojos fijos en el balcon.

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