Victoriano segura (1941) -4

En medio de la noche se oyeron golpes de puertas que se abrian y voces que resonaban preguntando que pasaba. De primera inten- cion todo el mundo creyo que habia muerto la madre de Jose Abud. Pero con incontenible estupor la gente que se asomaba a las puertas y a las ventanas vio penetrar en sus casas una extrana claridad rojiza. Entonces de todas las bocas surgio el grito:
—Fuego! jEs fuego en la casa de Jose Abud!
Atropelladamente, vestidos a medias, hombres, mujeres y mu- chachos comenzaron a corretear por la calleja. Subitas y violentas llamaradas salian, con pasmosa y siniestra agilidad, por debajo del balcon de la gran casa; se oian el chasquido del fuego y el trepidar de las puertas. Agudos lamentos de mujeres y voces de hombres ibanle dando al terrible espectaculo el tono de pavor que merecia. Alla arriba, corriendo por el balcon de un extremo al otro, como enloque- cidos, se veian a Jose, con dos hijos bajo los brazos, y a la mujer con otro en alto.
—Que bajen por la escalera antes de que se queme; que bajen por la escalera! Baja, Jose; bajen! -gritaban desde la calle.
Pero se notaba que el aturdido libanes y su mujer no entendian. A lo mejor ignoraban que el comercio era pasto del fuego y por eso creian que la escalera se conservaba todavia en buen estado. Despues se supo que efectivamente era eso lo que pensaban Jose Abud y su mujer. No podia ser de otra manera, pues cuando la familia se dio
cuenta del siniestro fue cuando vieron las llamas reventando, como gigantesca flor viva, por la pared de atras de la casa, y ya habia trepado y consumido en un momento parte de los altos, hacia el fbrtdo; asi que ellos ignoraban que el comercio ardia.
—Hay que abrir esa puerta pronto! —grito alguien, refiriendose a la puerta de la escalera.
En un instante aparecio un hombre con un pico y otro con una barreta; golpearon la puerta e hicieron saltar los cierres. Calido, picante, con agrio olor, el humo salio por alii. Pero la gente no perdio tiempo, y se vio a varios hombres meterse a toda prisa escaleras arriba. Cuando retomaron llevaban a los ninos en brazos y empuja- ban a Jose y a su mujer, que estaban aterrorizados. A seguidas se vio el impetuoso rio de fuego abrir brecha en el lienzo de madera que dividia la escalera del comercio; se oyo el crepitar de las tablas, y tras el crepitar entraron las multiples llamas ensanchandose y despidien- do chispas.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>