Victoriano segura (1941) -3

—Pobrecita —comentaban las mujeres cuando la veian—, tener que vivir con un hombre asi…
La casa en que vivian habia estado vacia muchos meses; y nadie vio a Victoriano Segura llegar a verla, a nadie pregunto quien era el dueno ni cuanto cobraban por alquilarla. De buenas a primeras amaneeio un dia alii. Sin duda se habia mudado a medianoche, usando su propia carreta. Ese solo hecho dio lugar a muchas conjetu- ras; agreguese a el el comportamiento del hombre, sus dos detencio-
nes acusado de robo, segun se decia en la calleja, y los gritos noctur- nos bajo su techo. Todo lo malo imaginable podia pensarse de Victoriano Segura.
Por eso resulto tan sorprendente la conducta del extrano sujeto cuando la desgracia se hizo presente por vez primera en aquel naciente pedazo de calle. La noche de San Silvestre, despues que las sirenas de los aserraderos, las campanas de las dos iglesias y millares de cohetes dieron la senal de que habia comenzado un ano nuevo, se oyeron gritos de socorro. Inmediatamente la gente penso: “Es Jose Abud”. Y era Jose Abud. Su acento libanes no podia confimdirse.
El viejo Abud no era tan viejo; seguro que no tenia sesenta anos. Su casa era la mejor del vecindario, y hablando con toda propiedad, la unica de dos plantas. Abajo estaba el comercio y arriba vivia la familia; abajo era de ladrillo, arriba de madera. Jose Abud se habia casado pocos anos antes con la hija de un compatriota: tenia tres ninos preciosos y, ademas, a su madre. La vieja Adelina Abud, que habia emigrado de su lejana tierra ya de anos, apenas hablaba con claridad. Anciana ya, quedo paralitica, segun decian en el barrio, debido al castigo de Dios porque no era catolica.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>