Victoriano segura (1941) -25

A la caida de la tarde alcanzo a ver una figura moviendose en la lejania. Pronto iba a oscurecer, pero sin duda que ya estaba subiendo, tras las faldas de la Cordillera, la enorme luna llena, laclara, la casi blanca luna llena invemal. Asi, aquel hombre que marchaba penosa- mente hacia el oeste no se le perderia en las sombras. No tenia hacia donde ir que el no le viera. No habia una casa, no habia un arbol, no habia una Canada en toda la extension, ni a derecha ni a izquierda, ni hacia atras ni hacia adelante; no habia repliegue de terreno que pudiera ocultarlo; no habia piedras grandes ni colinas y ni siquiera pajonales en la dilatada llanura; no habia gente que le diera amparo ni animales entre los que ocultarse. Podia huir si le veia; pero acabaria cansandose, y el, Manuel Sicuri, no se cansaria. Un indio aimara no se cansa a la hora de hacerse justicia; puede esperar dias y dias, meses y meses, anos y anos y no se apresura, no cambia su naturaleza, no da siquiera senales de su colera. No descansa y no se cansa. Aquel hombre era el cholo Jacinto Muniz, aquel hijo del demonio habia muerto a otros hombres y habia robado a mamita la Virgen y a tatica Dios el Nazareno; aquel salvaje habia atropellado a Maria Sisa, su mujer, que esperaba un nino suyo, un varoncito como el. Nadie podia salvar a Jacinto Muniz. Y a fin de evitar que mientras la luna subia y aclarara la llanura el cholo peruano aprovechara la oscuridad para cambiar de direccion, Manuel Sicuri apresuro el paso con el proposito de alcanzarle pronto.
En verdad, Jacinto Muniz se sentia ya a salvo. Su plan era caminar toda esa noche. No se cansaria, porque llevaba buena provision de coca para mascar, y la coca le evitaria el cansancio. Aprovecharia la luna y marcharia derecho hacia la cordillera. Alii podria haber casas, tal vez algunas comunidades aimaras, y sin duda habrian enviado a ellas tambien chasquis anunciando su probable llegada; y ahora tenia encima dos delitos; uno en el Peru, el otro en Bolivia. Fue afortuna- do, porque Maria Sisa no habia muerto; sin embargo la habia atacado y ya debia saberlo su marido y probablemente tambien el chasquis, si habia vuelto con el. De haber casas en las cercamas de la cordillera el las alcanzaria a ver con tiempo, antes de amanecer, puesto que la luna alumbraria toda la noche; en ese caso su plan era torcer rumbo al sur, lo mas al sur que pudiera, hasta alcanzar un paso hacia Chile. Jacinto Muniz ignoraba que para bajar a Chile hubiera debido tomar rumbo sudoeste desde el primer momento, y que aun asi no era facil que lograra salir de Bolivia sin ser apresado. No importaba; tenia coca y chuno, luego, podia resistir mucho todavia. Tan seguro estaba de su soledad que no volvia la vista. Tal vez de haberla vuelto otro hubiera sido su destino.

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