Victoriano segura (1941) -23

Entonces se puso en pie de un salto y corrio; corrio como despavorida a traves de la puna, volviendo el rostro cada quince segundos para asegurarse de que el no la seguia. El hombre salio a la puerta y comenzo a correr tras ella. Pero sucedio que el llanto de los ninos, las voces de Maria y el ruido de la lucha excitaron a los perros y ambos se lanzaron tras Jacinto Muniz. Este se agacho varias veces para coger piedras y tirarselas a los animates. Estaba como loco, y el rojizo parpado levantado se le veia como una brasa en medio de la noche. Comprendio al fin que no podia alcanzar a Maria Sisa; volvio entonces a la choza, recogio su sombrero, se lleno los bolsillos de chuno, saco de las vasijas en que se guardaban coca y lejia y salio de nuevo. Desde lejos Maria le vio salir y le vio irse huyendo por detras del corral; hacia el oeste, a toda carrera, como espantado por algun enemigo invisible. En el dia sin sol, pero sin niebla, su figura se fue alejando, tomandose cada vezmas pequena, mientras la mujer lloraba de miedo y de vergiienza sin atreverse a volver a su choza.
Todavia le quedaban a Maria Sisa —y sin duda tambien a los ninos, si bien tal vez ellos no comprendian lo sucedido a pesar de que veian a Maria sangrando por la frente— unas cinco horas de angustia antes de que volviera Manuel Sicuri. Pero ocurrio que Manuel retor- no antes. Llevaba dos horas de marcha junto al chasquis y estaba ya seguro de que este no tenia sospechas de que el peruano se encontra- ra en su casa, cuando le dio al propio chasquis por decir que quiza seria bueno que el volviera a su vivienda.
—Tu mujer y los ninos estan solos, y ese mal hombre puede llegar alia. Estuvo preso en su tierra por una muerte, me dijo el mallcu, y a eso se debe que tenga una cicatriz sobre el ojo.
Si? Manuel Sicuri se quedo mirando al chasquis. Este no era capaz de adivinar lo que estaba pasando en tal momento por la cabeza de Manuel Sicuri. Jacinto Muniz estaba en su casa y segura- mente habia oido desde su escondite cuanto ellos hablaron. Tal vez le diera miedo a Jacinto Muniz y por miedo de que le denunciaran matara a Maria y a los yokallas. Era un hijo del demonio el hombre que habia robado la corona de mamita. Que no seria capaz de hacer?
—Si —dijo Manuel Sicuri—. Hablas bien, chasquis. Yo me devuelvo.
Se devolvio, pero no podia caminar a su paso normal; algo le hacia correr a trote corto, algo que el no queria definir. Podia ser temor a tata Dios; quiza tata Dios iba a ponerse bravo con el por haber dado auxilio al cholo. Podia ser un oscuro sentimiento con respecto a Maria; no le habia gustado el extanjero y se lo habia dicho. iQue hacia Jacinto Muniz despierto a medianoche?
Por momentos el indio Manuel Sicuri aumentaba la velocidad de su trote. Iba siguiendo sus propias huellas solo que al reves; otro acaso no las veria, pero Manuel Sicuri las distinguia bien claras, sus huellas y las del chasquis, a veces desaparecidas donde habia muchas piedras, esas menudas y abundantes piedras del altiplano, y a trechos grabadas en el polvo o en las plantas rastreras que quedaban aplasta- das durante largo tiempo despues de haber sido pisadas. El dia iba aclarando lentamente, de manera que de vez en cuando el podia ver su sombra, una sombra vaga, y calcular la hora. Era bastante mas alia del mediodia. El viento seguia fuerte y frio, pero el trote le producia calor.

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