Victoriano segura (1941) -22

Maria Sisa tambien tenia miedo, como lo habia tenido Jacinto Muniz y como lo habia tenido Manuel Sicuri. Pero ademas Maria sentia asco de ese hombre. Por la Virgen de Copacabana, ese bandi- do habia robado una iglesia y estaba en su casa! Lo que ella queria era que se fuera inmediatamente.
—No hay charqui y tenemos muy poca quinua y muy poca canahua —dijo secamente mientras vigilaba los movimientos del cholo.
—Dame chuno entonces —pidio el.
Maria queria decirle que no. Tata Dios iba a castigarla si le daba comida a su enemigo. Pero tal vez si le negaba el chuno, que estaba a la vista en el rincon, el hombre diria que no se iba. Llena de repulsion se encamino al rincon y se agacho para recoger el chuno. Para fatalidad suya los ninos estaban afuera, regando papas sobre la escarcha.
El ataque fue tan subito y los hechos se produjeron tan de prisa que Maria no pudo describirlos mas tarde. Cuando se agachaba el hombre se lanzo sobre ella y la agarro fuertemente por los hombros, forzando estos de tal manera, hacia un lado, que Maria cayo de espaldas. Como era una mujer joven y fuerte se defendio con las piemas, pero al parecer aquello enfurecio al peruano o sin duda lo excito mas. Maria levanto los brazos y no lo dejaba acercarse. No grito propiamente, porque en ese momento perdio del todo su miedo y se sintio colerica, pero comenzo a decirle al atacante cosas en voz tan alta que los ninos corrieron y uno de ellos, el mayor, agarro al hombre por la ropa. Jacinto Muniz pego al nino con un codo y lo lanzo a tierra. Habia ocurrido que la vasija con la chicha habia sido dejada en el suelo cerca de la puerta, donde la habia puesto Manuel Sicuri despues de haberle servido al chasquis; el atacante la vio y la tomo en una mano. Maria quiso evitar el golpe porque penso: “Va a matar a mi ninito”. “Mi ninito” era, desde luego, el que llevaba en el vientre. Y ese pensa- miento la turbo. No tuvo, pues, serenidad bastante para defenderse, y la vasija golpeo sobre su frente, rompiendose en innumeros peda- zos. Maria sintio el deslumbramiento del golpe y algo calido que le corria a los ojos. Debio perder el conocimiento, puesto que a poco comprendio que el peruano estaba violandola. Pero su indignacion y su asco eran tan grandes que ellos le dieron fuerzas, y logro, doblan- do la quijada del hombre, quitarselo de encima.

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