Victoriano segura (1941) -21

La conversation entre Manuel y el chasquis debio durar media hora, y antes de que hubiera transcurrido la mitad de ese tiempo el cholo Jacinto Muniz se sentia seguro. Muchas palabras se le perdian,puesto que el no hablaba aimara como un indio, sino lo necesario para entenderse con ellos; y mientras los dos hombres hablaban y el seguia a saltos la charla, comenzo a pensar en otra cosa; seria mas propio decir que comenzo a sentir otra cosa. De subito, y tal vez como reaction contra su pavor, Jacinto Muniz recordo a la mujer de Manuel Sicuri tal como la habia visto el dia anterior, agachada frente al fuego. Ella le daba la espalda y su position era tal que la ropa se le subia por detras hasta mostrar las corvas. Jacinto Muniz habia pensado: “Tiene buenas piemas esa india”, idea que le estuvo rondando todo el dia y toda la noche, al extreme) de que lo tenia despierto cuando Manuel Sicuri se levanto para abrigar a los ninos. Ahi, en su escondite, Jacinto Muniz veia de nuevo las piemas de la mujer e incontenibles oleadas de calor le subian a la cabeza. Al final ya no tenia mas que eso en la mente y en el cuerpo.
Pero Jacinto Muniz no pensaba atacar a la mujer. En el fondo de si mismo lo que le preocupaba era huir, salvarse, alejarse de alii tan pronto como pudiera, sobre todo despues de saber que la mujer y su marido estaban enterados de cual habia sido su crimen. La idea de atacarla le vino mas tarde, cuando, a poco de haberse ido Manuel Sicuri con el chasquis, la mujer retiro las pieles que lo cubrian y le dijo que saliera. Ella le explico que debia irse, y por donde y a que hora, y cuando el pregunto por Manuel ella cometio el error de decirle que estaba acompanando al chasquis.
Con su repelente ojo de parpado cosido, Jacinto Muniz miro fijamente a Maria. Maria tenia el negro pelo partido al medio y anudado en mono sobre la nuca; era de piel cobriza, tirando a rojo, de delgadas cejas rectas y de ojos oscuros y almendrados, de altos pomulos, de nariz arqueada, dura pero fina, y de gran boca saliente. Era una india aimara como tantas otras, como millares de indias aimaras, bajita y robusta, pero tenia la piel limpia en los brazos y las piemas y era joven; estaba embarazada, pero que importaba eso a el, un hombre acosado, un hombre en peligro que estaba huyendo hatia casi un mes? Sintiendose fuera de si y a punto de perder la razon, Jacinto Muniz dijo que si, que se iria, pero que le diera charqui o quinua o canahua, algo en fin con que comer en el camino.

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