Victoriano segura (1941) -20

Manuel estuvo a punto de venderse. Vio a su mujer mirarle con una fijeza de loca y el mismo sintio que la cabeza le daba vueltas. Tuvo que apoyarse en tierra con una mano. jDe manera que el cholo Jacinto Muniz habia robado a mamita la Virgen! Pero ya el habia dicho que no habia pasado por ahi, y decir lo contrario era probable- mente buscarse un lio con las autoridades. Con el pretexto de seguir regando las papas en la escarcha, Maria salio. Manuel pensaba: “Si digo ahora que esta aqui van a llevarme preso por esconderlo; si no digo nada, tata Dios va a castigarme, se me moriran las ovejas y las llamas y tal vez ni nazca mi hijo”. No descubria su emocion, no denunciaba su pensamiento, pues seguia con su rostro hermetico, sus ojos brillantes, sus rasgos inmoviles, cerrada la boca que era tan propensa a la risa; pero por dentro estaba sufriendo lo indecible. Entonces sucedio lo que mas deseaba en tal momento: el chasquis se levanto y dijo que iba a seguir su camino. Y he aqui que sin saber por que, aunque sin duda Ilevado a ello por el miedo, Manuel Sicuri se levanto tambien y explico que iba a acompanarle, que iria con el hasta una pequena comunidad de cuatro chozas que quedaba casi en las foldas de la Cordillera Real, cuyas nevadas cumbres se veian en sucesion hacia el este y el sur. Tendria que caminar tres horas de ida y tres de vuelta, pero Manuel Sicuri lo haria porque necesitaba saber que pensaba el chasquis. A lo mejor el chasquis habia visto algo, sorprendido una huella, un movimiento sospechoso bajo las pieles de oveja, y se iria sin dar senales de que sabia que el cholo Jacinto Muniz se hallaba escondido en la casa de Manuel Sicuri. Asi pues, dijo que iria con el; y despues de haber caminado unos cinco minutos dejo al chasquis solo y volvio al trote.
—Cuando estemos lejos, a mediodia, sacas de ahi al peruano y que se vaya. Dile que ande de prisa y derecho hacia la caida del sol; por ahi no hay casas ni va a encontrar gente.
Esto fue lo que hablo con su mujer, pero como el chasquis podia estar mirando, quiso despistario y entro en su choza. Despues expli¬co que habia vuelto a la vivienda para coger coca. Y sin mas demora emprendio la marcha por la helada puna en cuya amplitud rodaba sin cesar un viento duro y frio.
Asi fue como actuo Manuel Sicuri durante esa angustiosa mana- na. De manera muy distinta sintio y actuo el cholo peruano Jacinto Muniz. En el primer momento, cuando supo que llegaba un hombre, el miedo le helo las venas y le impidio hasta pensar. En verdad, solo se le habia ocurrido esconderse, sin que atinara a saber donde; y cuando Manuel Sicuri eligio el escondite y le llevo alii, el le dejo hacer sin saber claramente lo que estaba ocurriendo. Las pieles le ahogaban, aunque de todas maneras hubiera sentido que se ahogaba aun estando a campo abierto. El oyo al chasquis llegar y en ese momento su miedo aumento a extremos indescriptibles; le oyo hablar de el mismo y entonces empezo a olvidar su terror y a poner toda su vida en sus oidos.
Cuanto tiempo transcurrio asi, sintiendose presa de un pavor que casi le hacia temblar, era algo que el no podia decir. Pero es el caso que cuando Manuel Sicuri dijo que no habia pasado por alii sintio que empezaba a entrar en calor y cinco minutos despues estaba sereno, otra vez dueno de si y dispuesto a acometer y a luchar si alguien pretendia cogerle.

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