Victoriano segura (1941) -2

El lugar era una calle todavia en esbozo, en la que tal vez no habria mas de veinte casas, y de esas solo tres podian considcrarsc de algun valor. Por de pronto, nada mas esas tres tenian aceras; las restantes daban directamente a la hierba o al polvo, si no llovia —por que cuando llovia la calle se volvia un lodazal—. Ahora blen, scgiin afirmaba con su graciosa tartamudez el anciano Tancredo Rojas, laCuando se corrio la voz dc quc las dos veees Vietoriano habia sido llevado a la pollcia por mho, la gcntc eomenzo a temer que de momento asalta- lla a las viejas, de qulenes se dccia que guardaban algun dinero. En poco tlcmpo el mledo a esc asalto y la posibilidad de que se produje- ra -lal vcz con ascsinato y otros agravantes— domino en todos los hogares, y eu consccuencia, de la alta y seca figura de Victoriano eomenzo a cmcrgcr un prestigio siniestro, que ponia pavor en el corazon de las mujeres y bastante preocupacion en la mente de los hombrcs. Una noche, a eso de las nueve, se oyeron desgarradores grltos fcmcnlnos que salian de la casa de las dos aneianas. Armado de machete, el hijo de don Tancredo corrio para volver a poco diciendo que alii nada ocurrta. Interrogada por el, la vieja medio ciega dijo que habia oido gritos, pero haeia la casa de Victoriano Segura. La gente comcnto durante varios dias el valor del hijo de don Tancredo y acabo asegurando que los gritos eran de la mujer de Victoriano, a quicn ese malvado maltrataba.
Eso, en una calleja tan pequena, donde todos se conocian y donde todos se llcvaban bien y se trataban con carino, aumento la scnsacion de malestar que producia el hombre. El era carretero; guardaba la carreta en el patio y soltaba el mulo en el solar vecino, donde otro mulo descansaba dia por medio; salia muy temprano a 1 rahajar y a eso de media tarde se sentaba a la puerta de la calle, con la silla arrimada en el seto de tablas. Alguna que otra tarde se 01a su voz; era cuando Uamaba a su mujer para pedirle cafe. Solo en esas ocasio- nes, y cuando iba a comprar algo, se veia a la mujer, que era una criatura callada, mas oscura que el marido pero muy bonita, de pocas cames, mas bien baja, de cabellos crespos, bellos ojos negros y boca muy bien dibujada.

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