Victoriano segura (1941) -16

Ese hombre era el cholo Jacinto Muniz. Cuando se acercaba, una hora despues, casi al comenzar la noche, Manuel, la mujer y los pequenos se reunieron tras el corral. Por primera vez en mucho tiempo aparecia por alii un ser humano. Evidentemente el hombre hacia grandes esfiierzos para caminar, lo cual comentaban Manuel y su mujer. Los ninos callaban, asustados. De haber sido un conocido, o siquiera un indio como ellos, que usara sus ropas y tuviera su aspecto, Manuel hubiera corrido a darle encuentro y tal vez a ayudar- le. Pero era un extrano y nadie sabia que le llevaba a tan desolado sitio a esa hora. Lo mejor seria esperar.
Cuando estuvo a cincuenta pasos, el hombre saludo en aimara, si bien se notaba que no era su lengua. Manuel se le acerco poco a poco. Maria espanto los perros con pedruscos y pudo oir a los dos hombres hablar; hablaban a distancia, casi a gritos. El forastero explico que se habia perdido y que se sentia muy enfermo; dijo que tenia sed y hambre y que queria dormir. Su ropa estaba cubierta de polvo y su escasa barba muy crecida. Pidio que le dejaran descansar esa noche, y antes de que su marido respondiera Maria dijo, tambien a gritos, que en la vivienda no habia donde. Aunque hablaba aimara se apreciaba a simple vista que ese hombre no era de su raza ni tenia nada en comun con ellos; pero ademas su instinto de mujer le decia que habia algo siniestro y perverso en ese duro rostro que se acerca- ba. Ella era muy joven y Manuel no llegaba a los veinte anos, y ante el extrano, que tenia figura de hombre maduro, ella sentia que ellos eran unos yokallas, unos ninos desamparados. Pero Manuel no era como su mujer; Manuel Sicuri era confiado, de corazon ingenuo, y por otra parte sabia que muchas veces Nuestro Senor se disfrazaba de caminante y salia a pedir posada; eso habia ocurrido siempre, desde que tata Dios habia resucitado, y debido a ello era un gran pecado negar hospitalidad a quien la pidiera. En suma, aquella noche el cholo peruano Jacinto Muniz, profugo de la justicia en dos paises, durmio sobre pieles de oveja en la choza de Manuel Sicuri. Maria Sisa se paso la noche inquieta, sin poder pegar ojo, atenta al menor ruido que proviniera del sitio donde se habia echado Jacinto Muniz.

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