Victoriano segura (1941) -15

Esa hacha, en realidad, no tenia uso ni nadie en la familia sabia por que estaba alii. Tal vez el padre de Manuel Sicuri, que vivio hacia el norte, habia sido lenador, aunque no era posible saber donde ya que en la zona no habia bosques; tal vez se la vendio, a cambio de una o dos parejas de llamas, algun cholo que paso por la region. Pero el hacha era reverentemente guardada porque cierta vez, estando Ma¬nuel recien nacido, hubo un inviemo muy crudo y los pumas bajaron de la cordillera en pos de ovejas; y en esa ocasion el hacha fue util, pues con ella mato el padre a un puma que llego hasta la puerta misma de su choza. Eso habia sucedido, desde luego, mas hacia el nordeste. Una vez muerto el padre, al mudarse hacia el sur, Manuel Sicuri se llevo el hacha. A menudo Manuel jugaba con ella. Ocurria que en las tardes de buen tiempo el les contaba a los yokallas y a Maria como habia sido el combate entre la fiera y su tata; entonces el mismo hacia el papel de puma, y se acercaba rugiendo, en cuatro pies, dando brincos, hasta la misma puerta. Los ninos reian alegre- mente, y Manuel tambien. De pronto el salia corriendo, cogia el hacha y hacia el papel de su padre; se plantaba en la puerta, daba gritos de colera, blandia el arma y la dejaba caer sobre el craneo del animal; a esa altura, Manuel volvia a hacer el papel del puma, y caia de lado, rugiendo de impotencia, agitando las manos y simulando que eran garras. Cuando el puma estaba ya muerto, tomaba Manuel a ser el padre, sin perjuicio de que hiciera tambien de oveja y balara y corriera dando los saltos de los corderos, imitando el miedo de los timidos animales. Toda la familia reia a carcajadas, y Manuel reia mas que todos. En realidad, Manuel reia siempre y a toda hora estaba dispuesto a jugar como un nino.
Uno de esos atardeceres, cuando la luz de julio en el altiplano era limpia y el aire cortante, los perros comenzaron a ladrar. Ladra- ban insistentemente, pero no a la manera en que lo hacian cuando coman tras una oveja o cuando —lo que pasaba muy pocas veces— algun condor volaba sobre el lugar dejando su sombra en la tierra, sino que sus ladridos eran a la vez de sorpresa y de colera. Entonces Manuel fue a ver lo que pasaba. Dio la vuelta a la casa y al corral, que quedaba al oeste de la vivienda y era tambien de tierra. Alla, a la distancia, hacia la caida del sol, se veia avanzar un hombre.

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