Victoriano segura (1941) -14

A medida que se extiende hacia el sudoeste, en direccion a las altas cumbres de la Cordillera Occidental, el altiplano va haciendose menos fertil. Es una vasta extension liana como una mesa. El aire transparente y frio es limpio y seco, sin gota de humedad. Cada vez mas, son escasas las viviendas, y cada vez mas va acentuandose en la tierra el cambio de color; pues hacia el norte es gris y en ocasiones amariHa y verde, mientras que hacia el sur va tomandose pardusca. El grandioso paisaje es de una impresionante hermosura y de aplanadora soledad. Cuando comienzan las primeras estribaciones de la Cordille¬ra hacia el sudoeste —que son sucedidas mas tarde por otras eminen- cias peladas de nevadas cumbres, y despues por otras y otras mas— comienzan tambien las enormes anrugas en el lomo de la montana, sin duda los can ales por donde en epocas lejanas corrieron aguas despenadas.
Pero eso es ya cayendo hacia el lado de Chile; y Manuel Sicuri tenia su choza en tierras de Bolivia. El indio podia tender la vista en redondo y durante leguas y leguas no veia vivienda alguna. Su casa estaba hecha de tierra, y su propia madre habia ayudado a levantarla. No habia ventana para que no entrara el viento helado de la cordillera y solo tenia una puerta que daba al este. De noche se quemaba la boniga de las llamas y hasta de las ovejas, que Manuel iba recogiendo sistematicamente dia tras dia; y su fuego era la unica luz y el unico calor de la vivienda. No habia habitacion alguna, sino que todo el cuadrado encerrado en las paredes de la choza era usado en comun. Los tres ninos y el indio Manuel Sicuri y su mujer embarazada dormian juntos, sobre pieles de oveja, en el piso de tierra. En un rincon habia un viejo arcon en que se guardaban ropas que habian sido del padre y de la madre de Manuel, cortos calzones de lana y faldas y chales de colores, los zarcillos de oro de Maria y los trajes de boda de la pareja, alguna loza de desconocido origen y un pequeno sombrerito negro de fieltro que uso Maria en la peregrinacion a Copacabana, a orillas del Titicaca. Encima del arcon se amontonaban las pieles de las ovejas que habian muerto o habian sido sacrificadas el ultimo ano. El arcon quedaba en el rincon mas lejano de la izquierda, segun se entraba, en el primero del mismo lado estaba amontonado el chuno, y entre el chuno y el arcon la lana, la lana que pacientemente iba hilando Maria Sisa, la mayor parte de las veces mientras se hallaba sentada a la puerta de la choza. Junto a la lana dormian Ios perros, dos perros flacos, con los costillares a flor de piel, que no teman funcion alguna y se pasaban los dias recostados o caminando sin rumbo fijo por el altiplano, a veces corriendo tras las ovejas. En el primer rincon de la derecha, con el hierro contra el piso, estaba el hacha.

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