Victoriano segura (1941) -11

En medio de tal ambiente, dulce y limpio, ocurrio la partida de Victoriano Segura. Fue a eso de las nueve de la manana. Algunas mujeres parloteaban desde sus puertas con las vecinas; algunos mu- chachos jugaban dando carreras o empinaban papalotes; algunas gallinas picoteaban las manchas de yerba que se veian aqui y alia. Inesperadamente se abrio el porton que daba al patio donde Victoriano guardaba la carreta y se oyo su dura voz arreando al mulo. Habilmen- te conducida, la carreta quedo parada junto a la puerta de la casa. Cachazudamente, Victoriano puso dos piedras junto a una de las rue das, una para impedir que se moviera hacia adelante, la otra para impedir que se moviera hacia atras. Despues de eso entro en la casa.
iQuien podia prever lo que sucedio inmediatamente? Algunos minutos mas tarde la puerta se abrio de par en par y Victoriano Segura salio de espaldas, cargando con un extremo de ataud; al otro extremo aparecio luego la mujer. Usando toda su fuerza, que debia ser mucha, el hombre coloco la punta del feretro en el borde de la carreta; despues tomo la que cargaba la mujer y comenzo a empujar. Se le veia endurecido por la tension. No era facil hacer rodar el ataud. Victoriano lo removia de un lado a otro, y la lugubre carga iba entrando lentamente en la carreta. Secandose los ojos con la mano, la mujer no cesaba de llorar. Ni siquiera movia la cabeza. Bajo aquel sol limpido era una estampa dura la de esa mujer llorando en silencio mientras su marido luchaba con el impresionante cargamento.
El hombre logro al fin levantar el ataud a donde queria; se le vio entrar en la casa con su mujer, salir a poco, tocado de sombrero negro, y cerrar la puerta. Ella Uevaba en la mano una vela encendida y al parecer habia comenzado a rezar. Sin subirse en la carreta, domi- nando el mulo desde afuera, Victoriano Segura dio tres “iarres!” en voz alta. Tambaleante y despaciosa, la carreta se perdio en la esquina, sin duda camino del cementerio. Tras ella, la cabeza baja, con la mano de la vela mecanicamente alzada, se perdio la mujer. Nunca mas volvio la gente de la pequena calle a verlos. Se presumio que el habia vuelto de noche para llevarse los enseres y el otro mulo.

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