Fagata (1946) -1

La resolucion de Fragata fue tan sorprendente que hasta dona Ana se sintio conmovida. Dona Ana no dijo media palabra, pero se mantuvo en la puerta, palida e inmovil, hasta que Fragata desaparecio por la esquina balanceando su enorme cuerpo.
La muchacha habia llegado hacia un mes. Mucha gente la vio entrar en la callecita, caminando junto a una carreta que llevaba muebles y litografias de imagenes religiosas, pero a ninguna se le ocurrio pensar que iba a vivir alii. Era una criatura tan extrana, tan gorda, tan fea, y llevaba la cara tan pintarrajeada, que la gente penso —vaya usted a saber por que— que iba a seguir de largo, buscando el camino de Ponton. Por esa causa fue mayusculo el asombro cuando a una voz suya el carretero detuvo el mulo frente a dona Ana, en la puerta de una casucha vacia que estaba desalquilada desde mucho tiempo atras.
Algunos vecinos se detuvieron a observar. La muchacha busco en su cartera una llave y abrio el candado. Durante unos minutos parecio registrar adentro; despues salio y empezo a dar ordenes al carretero. Jamas, desde que existia aquella callecita, se habia oido por alii una voz tan estentorea. El lugar era pobre. Excepto la de dona Ana, la de don Pedrito y alguna mas, las casas eran bohios. La calle nunca habia sido arreglada. Se acumulaban alii, confundidas, tierra, yerba y piedras, y cuando llovla se formaban lodazales. Pero esa misma miseria daba al sitio un aspecto austero, al que contribuia la falta de pintura en los frentes de las viviendas. La gente no se sentia a disgusto, porque, como decian a menudo los vecinos, aunque la calle no era vistosa, las personas eran decentes. Siempre habia sido asi, hasta que llego Fragata.

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