Rumbo al puerto de origen (1949) -7

-Iba sola —explico Juan de la Paz, con voz apenas perceptible. Y despues, mientras los circunstantes se miraban entre si, asombrados, agrego:—Me cai.
Era imposible pedirle que contara detalles. Se le veia estragado, destruido; solo los rapidos y desconfiados ojuelos parecian vivir en el, y eso, a ratos. Estaba tendido en el camastro, moviendose entre quejidos para rehuir el contacto del duro colchon con la quemada piel. Ademas, por dentro estaba confundido. Hacia esfuerzos por recordar a Emilia, y no podia; ni siquiera su nombre surgia a la memoria, si bien sabia que tenia una hijita y que trataba de pensar en ella. En cambio ahi estaban, como si se hallaran presentes, la paloma y Rosalia. La paloma y Rosalia habian muerto. Ninguna de las dos vivia. Y sin embargo no se iban, aunque nada tenian que ver con lo que estaba pasando. Nada le recordaban, nada le decian. Entonces oyo la voz del patron:
—Y como te calste, Juan de la Paz?
Si le oian o no, eso no importaba. HI caso es que el contesto:
—Por coger una paloma.
Los que Ie rodeaban oyeron y les parecio extrano que un pesca- dor se cayera de su barco por coger una paloma. Pero quien sabe. Tal vez eso ocurrio en un canalizo; acaso la paloma voiaba de cayo a cayo y tropezo con el barco. De todas maneras quiza valia la pena aclarar las cosas, porque cierta vez, muchos anos atras, Juan de la Paz habia cometido un crimen espantoso, y aunque lo pago con veinte anos en la Isla de Pinos, a nadie le constaba que no fuera capaz de cometer otro. Asi, el patron insistio:
—Por coger una paloma? Y pa que querias tu esa paloma, Juan de la Paz?
Juan de la Paz parecia dormitar, acaso a resultas del bien que le produjo la sopa de pescado. Sin embargo se le oyo contestar, con despaciosa y clara voz:
—Pa llevarsela de regalo a Rosalia.
Un silencio total siguio a estas palabras. El patron miro a los circunstantes, uno por uno, con impresionante lentitud; despues se puso de pie y tomo la escalerilia para salir a cubierta. Sin hablar, los demas le siguieron. Afuera soplaba el norte, cada vez con mas vigor.
—Oi mal o dijo Rosalia, Gallego? —pregunto el patron a uno de sus hombres.
—Si, dijo Rosalia, y bien claro —aseguro el interpelado.—Eso quiere decir que Juan de la Paz esta volviendo al puerto de origen —explico el patron.
Y nadie mas hablo. Pues todos ellos conocian bien la historia de Juan de la Paz. Todos ellos sabian que habia cumplido veinte anos, de una condena de treinta, por haber asesinado, para violarla, a una nina de nueve aiios llamada Rosalia. Mas exactamente, Rosalia de la Paz.

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