Rumbo al puerto de origen (1949) -1

Habiendo hecho sus calculos con toda correccion, Juan de la Paz Hego a la altura de Punta del Este a las seis de la tarde, minutos mas, minutos menos. El mar habia sido un plato y probablemente seguiria siendolo toda la noche. Asi se explica que a Juan de la Paz le resultara facil ver, a la palida y agobiante luz de la hora, el aleteo de la paloma sobre el agua. Con la acostumbrada rapidez de toda su vida el solitario navegan- te penso que estaria herida y que seria un buen regalo para Emilia; y sin demorar un segundo maniobro para acercarse al ave, favorecido por una suave pero sostenida brisa que soplaba desde el este. Gentilmente, la balandra viro y enderezo hacia la paloma.
Con efecto, la paloma debio haber recibido un golpe en el ala izquierda, pues sobre ese lado se debatia sin cesar moviendo con loco impulso la derecha y levantando la pequena cabeza. El terror de aquel animal de tierra y aire abandonado a su suerte en el mar era de tal naturaleza que cuando advirtio la proximidad de la balandra pretendio saltar para alejarse. Pero Juan de la Paz no se preocupo. Habia dispuesto llevarle ese regalo a Emilia y ya nada podia evitar que lo hiciera. En su imagination veia a la nina echandole los brazos al cuello en prenda de gratitud, y tal vez dandole un beso. Asi, visto que el ave lograba avanzar unos pasos hacia estribor, Juan de la Paz maniobro para girar en redondo y situarse de manera que el quedara a babor. La maniobra salio limpia, pero su resultado no pudo ser peor. Pues ocurrio que impulsada por la sostenida brisa del este, la balandra se alejo unos palmos de la paloma precisamente en el momento en que Juan de la Paz abandonaba vela y timon para inclinarse sobre el agua en pos del ave; el movimiento de la balandra le llevo a sacar todo el cuerpo fuera del casco, en absoluto ajeno a la idea de que, aprovechada en toda su extension por la brisa, la vela resultaria batida con inesperada fuerza. Eso paso y Juan de la Paz se vio subitamente lanzado al agua.
Aunquc cstaha hecho a pcnsarcon la rapidez del rayo quedo uturdido durante algunos scgundos; cso si, clavo mano en el ave, si bien lo hizo maquinalmcnic; y fue dcspucs de tenerla sujeta euando volvio atras los pec|uefios y pardos ojos. En csos instantes se demudo, ineapaz de comprcndcr lo que cstaba succdicndo. Hues moviendose a veloeidad asombrosa, la balandra sc alejaba al favor de la brisa, rumbo noroeste franco, llrme y gallarda eomo si la tripulara el diablo.
Un scgundo despues de haber visto tal cosa Juan de la Paz comprendio que no podria aleanzar su embarcacion y que el y la paloma cstaban solos en medio del mar, al iniciarse la noche, seis horas alejados de la ticrra mas cercana. El eambio de luces del atardeccr daba al momento una ominosa solemnidad de cementerio. En relampagueante fraccion de tiempo el hombre sintio la muerte triturandole el alma y un tumulto de ideas le asalto de improviso. Podia tratar de nadar hacia Isla de Pinos, en pos de Punta del Este; pero entonces se alcjaria mas de la balandra, y esta era su unico haber en el mundo. Podia dirigirse hacia la cayeria, sin embargo eso signifi- caba exponerse al ataque de los tiburones, acaso al de los caimanes, y desde lucgo llegar a las corrientes de los canales completamente agotado. Cuando penso tomar una decision se acordo de la paloma; entonces vio con verdadera indiferencia, que la habia apretado sin darse cuenta con dedos de hierro y que la pobre ave herida agoniza- ba entre temblores. Y esa fue su ultima sensacion consciente, pues a partir de tal momento comenzo a luchar como un loco para sobrepo- nerse al miedo y para salvar la vida.

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