Mara villa (1946) -8

Asi ftie. por dcsdicha. El boycro grito hasta cansarse, le clavo la garroeha y le hizo andar. A su lado, como una sombra, con paso seguro, iba el Negro. Mara villa procuraba mantener la cabeza baja porque el peso del tronco tiraba de el hacia atras. Le ardian los nacimientos de los cuemos, quemados por las sogas. Lentamente, con mucho trabajo, los animales fueron saliendo a un camino forma- do por huellas de pinos arrastrados. El tronco se rodaba hacia alante en los desniveles y golpeaba las patas de Maravilla. Delante, dando gritos, saltaba el boyero.
Molesto, acalorado, resoplando, Maravilla veia que el camino se alargaba dos horas, tres horas, hasta que le parecio oir el ruido de las sierras. Por otros caminos descendian parejas de bueyes que, igual que ellos, llevaban troncos. Faltaba poco para la caida de la tarde y el sitio iba cobrando un aire amable. El sol no tardaria en hundirse en la llanura distante. Arreados por su boyero, Maravilla y el Negro se acercaban al calvero. Otra pareja estaba ya alii. Con las patas afincadas en la tierra, inmoviles, los dos bueyes esperaban que soltaran la cadena. Maravilla vio como lo hacian, y vio de pronto levantarse la punta del tronco como si este estuviera manejado por un brazo gigantesco; oyo el estrepito que hacia el pino pegando contra el declive y luego el golpe en el agua seguido por gritos de hombres. La pareja de bueyes quedo alii todavia medio minuto, como clavada, acaso asustada. Al fragor de la caida, los dos bueyes abrieron los ojos y despues empezaron a caminar con lentitud.
Lleno de recelo, Maravilla oyo la voz del boyero animandoles a el y al Negro a acercarse. De su lado —el derecho— no habia nada entre sus patas y el abismo. Un ligero movimiento, un descuido fugaz, y sus pezuiias resbalarian. Al ver alia abajo hombre y troncos confundidos con el agua, Maravilla empezo a temblar. Con la mirada vidriosa, con las patas vacilantes, frio de miedo, fue andando pulgada a pulgada. La voz del boyero le enloquecia. Sentia a su lado al companero, confia- do, tranquilo, hecho desde hacia anos a ese peligro, y no se explicaba por que tenia una respiracion normal cuando la suya le hacia estallar las costillas.

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