Mara villa (1946) -5

—Echa! —gritaba Eusebio sin cesar.
Pero Maravilla resolvio no “echar” mas. Volvio los ojos a Eusebio, le miro largamente, y decidido a soportar lo que le llegara doblo las patas delanteras y se recosto en el lodo; parecio recobrar de golpe su acostumbrada placidez y se puso a ver, por entre los pinos, las lomas mas cercanas. El boyero lanzo un grito agudo.
—Condenao! —rugio— Arriba, maldecio!
La bestia hizo como si no lo oyera, lo cual lleno al hombre de colera. Blandiendo la garrocha le asesto varios golpes en el espinazo y despues empezo a clavarle la punta en las ancas. El animal senda aquel clavo como un punto de fuego, pero preferia ese tormento al de seguir andando. Eusebio perdio completamente la cabeza; los ojos se le enrojecieron como brasas, salto al camino y comenzo a golpear a Maravilla en las costillas, dandole con el mango de la garrocha; despues le pego con pies y manos. Los gritos del boyero eran insufribles. Estaba como loco y Uego a pensar en saltarle un ojo a aquella bestia inconmovible, pero al fin decidio hacer algo mas practico: le tomo la cola, se la doblo por la mitad y apreto con todas sus fuerzas. Maravilla sintio de pronto un dolor tan agudo que perdio la vista y creyo que iba a morir. Mecanicamente se paro. De poder hacerlo hubiera gritado como los seres humanos. Aquel dolor inso- portable le habia dejado sin fuerzas. Eusebio volvio a tomarle la cola, y temeroso de que repitiera su crueldad, Maravilla echo a andar. No tenia ya voJuntad. Solo cl miedo Jo empujaba y sc movia como un madcro arrastrado por la corrienic dc un rio. Fue bajando la pcndicn- te poco a poco, mugicndo con trisirza Kl ruldo dc la brisa cntrc los pinos, el del agua quc rodaba y el <jue subia del fondo le atontaban mas. Pensaba en el potrero y reeordaba los dias en quc fue castrado.
IJego, al fin, metida ya la noehe y levantando un vuelo de ladridos. Kusebio le hizo entraren un eorralejo y vio perros accrcarselc con los dientes dcsnudos; se echo en un aserrin caluroso y al mismo tiempo humedo, y su cansancio era lal quc durmio hasta la madrugada.

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