Mara villa (1946) -3

La sospecha de que el hombre pudiera alcanzarlo y volver a causarle dolor enfriaba en sus venas la sangre del animal. Se sentia cada vez mas asustado y sus propios pasos le causaban angustia. Favorecido por los desniveles del firme de la loma, anduvo a toda carrera hasta que el sol desaparecio entre las nubes y el viento empezo a presagiar la cercania de la lluvia. El boyero habia dejado de gritar. Arremolinandose en las copas de los pinos, la brisa arrancaba hojuelas. El lugar iba tomandose oscuro y desagradable. Maravilla sintio de golpe la soledad. Ese sentimiento no era nuevo; el habia sido siempre muy sensible a la tristeza de la lluvia. Pero entonces, en aquel sitio apartado, sin companeros y con el recuerdo de los pincha- zos, la tristeza le parecio mayor. Se detuvo y volvio los ojos en redondo buscando la presencia de algun toro o de alguna vaca. El viento tomaba fuerzas por momentos. Los pinos jovenes se doblabany geiman como seres vivos; cl bat ir tie las hojuclas llenabu el p,na)< «l< un rumorentristecedor. Maravilla perdio su ealma Iwbilllfil 1(1 ffiJftfiio Eusebio se habta detenido y observaba aquellas senalcs dr mal item po con evidente preocupacion. Repentlnamente asusiado, Mara villa lanzo un mugido largo y doloroso.
Callate, condenao! —grito el boycro.
Aseguidas, como si el animal le hubicra Insullatlo, se puwo a d«r voces ordenando que siguiera y el desdichado Maravilla pudo notar en el brillo de sus ojos que se habia puesto fuera tie hi. Tcmcrouo tie algo malo, Maravilla echo a andar. Solo cl mlcdo podia haecrlc caminar. Estaba agobiado, con el pecho como Ucno de aire, las aiuas adoloridas y las rodillas duras. La furia del vlento aumcnt6 tit* golpe y el grito de los pinos azotados se hizo mas fuerte. V tie pronto comenzo a llover. De los pinos caian gotas gruesas y al sentirlas t*l animal perdio hasta el miedo que tenia; solo le quctlo su sentlmiento de soledad y desamparo y empezo a mugir tristcmcnlc. Eusebio busco el cobijo de un tronco y se doblo y se cubrio como pudo mientras Maravilla, batiendo la cola, mugia con accnto dollcntc. Al fin, tambien Maravilla busco abrigo al pie de un pino. HI y el hombre podian verse por entre el agua. Desde su lugar, Eusebio contemplo la bestia, tan poderosa, tan fuerte, y volvio a sentir pena por el dcstino que le esperaba.

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