Mara villa (1946) -10

Poco a poco, con lentitud espeluznante, el pino iba rodando y saliendose hacia el abismo. Maravilla sintio que perdia la vista, que entre el y la tierra se interponia una mancha de sangre. No podia respirar; le faltaba el aire y su corazon debia estar creciendole por segundos. Crujieron las sogas del yugo y la cadena. Maravilla oyo resoplar al Negro y le parecio que tambien pateaba, que tambien iba cediendo. La fuerza que tiraba de su cabeza era cada vez mas podero- sa. Un poco mas y aquello iba a decidirse.
—Suban para aguantar el tronco; que suban para aguantar el tronco! —gritaban de abajo.
El tronco se movio, se hizo mas pesado, se agito como un pendulo, y la cadena quedo tan templada que chirtio. La pezuna de la pata trasera izquierda de Maravilla, que hasta entonces habia estado fija, comenzo a rodar, a resbalar, a deshacer la tierra. El peso aumento hasta lo indecible. La bestia perdio la vista durante unos segundos y su corazon parecio estallar.
De abajo vieron como un ligero movimiento decidio la lucha en favor del tronco. En un instante las cabezas de ambos bueyes se movieron, se alzaron; sus patas delanteras batieron el aire y se vio a las dos bestias resbalar, empujadas por el tronco, que salto pegando
con un extremo en un saliente del declive y se lanzo luego al vacio en una mecida gjgantesca. Golpeando contra las piedras y raices, Mara- vilJa y Negro rebotaron, ensangrentando la zanja, y cayeron con cstrepito. Los hombres vociferaron. Alla arriba, paiido, el boyero bujscaba un sendero para bajar.
De pronto un hombre de ojos autoritarios corrio desde el aserradero y hendio el grupo de gente con los brazos.
—Corran —ordeno con voz estentorea— y saquen esos bueyes, que su came sirve todavia!
Los de varas largas corrieron en direccion de Maravilla y del Negro saltando sobre los troncos que iba arrastrando el agua y otros fueron en busca de machetes y cuchillos mientras los perros aullaban de alegria pensando en un proximo festm.
Al caer la noche la came de Maravilla estaba lista para ser enviada a las carnicerias de la comarca. Fue asi como se cumplio su destino, a pesar del bajo precio de la came, que por esos dias era una miseria.

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