LA visión de Dudley Seers

Seers hace una crítica a la bondad con la que se acostumbra con­cebir a la política de “ayuda” financiera internacional para complementar el ahorro necesario. Esta “ayuda”, lejos de contri­buir a alcanzar el desarrollo económico en los países pobres, podría ocasionar un retardo en éste o incluso un retroceso. Asimismo, considera que la situación de subdesarrollo es posible enfrentarla sólo en un ambiente de participación in­ternacional entre los países desarrollados y los subdesarro- llados, con la finalidad de coordinar entre ambos grupos de países los recursos financieros que los ricos destinan a éstos.

Para ello, tendrá que ser abandonada la concepción erró­nea de que el desarrollo económico consiste esencialmente en los cambios del ingreso nacional y, suponer en cambio que el crecimiento económico depende principalmente del capital. Y como el capital interno no es suficiente para financiar todos los proyectos rentables de inversión, el rol que juegan los fondos externos para complementar a estos ahorros (median­te la ayuda o la inversión extranjera) puede ser crucial. Aun­que considera importante al capital, él solo no hará todo, pues el desarrollo no depende únicamente de las transferencias de capital recibidas del exterior, sino de todo un andamiaje y es­tructuras: económica, social, política e institucional. Además de que, de darse esta ayuda, pudiera llegar a ser contrarres­tada por una serie de factores que coexisten en el ámbito de las relaciones internacionales y económicas en particular. Como podría ser el caso de la transferencia de tecnología, del comercio internacional y del sistema financiero.

En el ámbito del comercio, generalmente, los países pobres están supeditados a las prácticas autoritarias y unila­terales que los países desarrollados, imponen: aranceles, im­puestos a las ventas, cuotas, reglas sanitarias, fitosanitarias, zoosanitarias, etc., a las exportaciones de los pobres. Esta política bloquearía a una de asistencia y empréstitos, sí se llegara a dar ésta, en industrias orientadas a la exportación. Esto hace bastante difícil suponer al capital externo como fuente de desarrollo, quizá ni siquiera de crecimiento.

Asimismo, Seers, analiza otras políticas que asumen los países ricos, las que, en última instancia, anulan las bondades de las transferencias e inclusive, coadyuvan a perpetuar el estado de subdesarrollo. Por ejemplo, considera que la política que siguen muchos países de aceptar fuerza de trabajo califi­cado (fuga de cerebros) va en contra de las políticas de forma­ción de recursos humanos de los propios países subdesarro- llados, puesto que, además de existir una inversión no recuperable, se detiene un potencial de desarrollo. Las políti­cas de transferencia de tecnología de los países ricos, ayudan a configurar la aparición de sectores con niveles de vida muy superiores a los de la mayoría de connacionales, sobre todo del sector agrícola, lo que puede impedir la integración social y económica, que es esencial para un proceso de desarrollo.

Otra actitud de los países ricos que influye sobre las polí­ticas de desarrollo, son sus políticas externas que apoyan al armamentismo, mismo que puede ser perjudicial al dotar de armas para la guerra e inclusive propiciar enfrentamientos entre los propios países pobres. Otra política que a menudo utilizan los países ricos para detener indirectamente el proce­so de desarrollo, son las prohibiciones para que algunos países comercien con algún país que afecta intereses indivi­duales o del conjunto de países desarrollados (Cuba, China, etc.]. La política diplomática también influye con motivo de los flujos y bloqueos de inversiones y comerciales.

En general, todo este marco que rodea a la posible ayuda externa, impide la total autonomía que se requiere para hacer que un determinado modelo o régimen de desarrollo impulsa­do por el Estado y gobierno del país subdesarrollado, se rea­lice. Además, en el ámbito de los préstamos otorgados por las instituciones financieras internacionales, éstas establecen t condiciones rígidas para otorgar préstamos o asistencia.

En este tenor, es posible que a largo plazo, todo el conjun­to de las relaciones que se establecen entre un país o países rico(s] y otro(s] pobre(s] obstruya el desarrollo en lugar de estimularlo. Aunque, en el corto plazo, a menudo constituye un respiro para la realización de las reformas requeridas y pueda fortalecer las medidas de independencia nacional.

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