La perspectiva del desarrollo económico en los precursores – page 2

Las economías externas serían de doble índole, econo­mías externas (marshallianas] a una empresa dentro de una industria en crecimiento y economías externas a una industria inercial, debido al crecimiento de otras industrias.

Sugiere que para potenciar las economías externas, la in­versión nacional e internacional (y aquí, el papel que las insti­tuciones de inversión nacional e internacional, debieran de pensar en estos términos más que en apoyar a empresas ais­ladas], debe concentrarse en la creación de industrias básicas y de servicios públicos que dan origen a nuevas oportunida­des de inversión, “hagamos ferrocarriles, carreteras, canales, centrales eléctricas; el resto seguirá automáticamente”.23 Es­tablece que es necesaria una visión general de la estructura económica futura con el fin de saber donde hay que construir comunicaciones, cuántas y para qué. La inversión en indus­trias básicas creará un efecto multiplicador que llevará a una mayor industrialización.

Si bien, una vez que se decida el proceso de industrializa­ción, podrán presentarse desequilibrios en la balanza de pa­gos y de los movimientos de capitales, es posible que no se perpetúe si se aplica una adecuada estrategia de comercio exterior, reduciendo las importaciones de bienes de lujo e impulsando la exportación, para conseguir un excedente de exportación o por medio de préstamos. Para que su esquema funcione, recomienda que cuando menos el 50% del capital necesario para el proceso de industrialización sea de origen nacional y el resto del exterior.Para él, el objetivo de la industrialización de las zonas de­primidas es producir un equilibrio estructural del mundo, creando empleo productivo para el exceso de producción agraria. De esta manera, se hallaría empleo para la pobla* 

ción agraria y para la población que se incorpore al mercado de trabajo. Sugiere la prevalecencia de industrias de capital ligero, pues son las que ocupan más fuerza de trabajo. Y, aun­que reconoce que será difícil satisfacer las demandas de em­pleo, el desempleo se reducirá hasta en un 70 u 80%, satisfa­ciéndose el restante con la emigración.

Un enfoque diferente fue expuesto en esta misma década por Raúl Prebisch24 quien estableció el punto de vista de los teóricos latinoamericanos, el cual sería conocido como la teo­ría cepalina, mismo que está relacionado con la crítica a la “visión desde fuera” de los beneficios aparentes que el comer­cio exterior, libre de trabas, trae a los países subdesarrollados para estimular su proceso de industrialización. Prebisch esta­blece que la condición real de intercambio tiende a moverse en contra de los productos primarios y que, como la mayoría de los países subdesarrollados, son productores y exportado­res de productos primarios, su propio interés está en indus­trializarse para lo que debe emplear aranceles protectores durante el proceso.

Más adelante (1962, 1964), Prebisch considera que los principales problemas de los países periféricos, tienen que ver con la heterogeneidad estructural, la redistribución del ingreso y la acumulación del capital. Plantea que para superar los pro­blemas del retraso económico y las economías monoexporta- doras es necesario llevar a cabo el proceso de acumulación y redistribución del ingreso simultáneamente. Para potenciar el ahorro nacional postula restricciones al consumo de las cla­ses de ingresos altos, la participación del exterior mediante empréstitos, mejor aprovechamiento de los factores producti­vos; hacer crecer el ingreso de tal forma que la inversión crezca más rápido que el consumo. Establece que, para ase­gurar el equilibrio dinámico se requieren realizar transforma­ciones de la estructura económica y social. 

La propuesta de desarrollo de Prebisch consistía en un proceso industrializador con base en el mercado interno o “hacia adentro” conjuntado con uno que aprovechara la co­yuntura de las secuelas de la II Guerra Mundial e impulsara las exportaciones industriales o “hacia afuera”. Propuso llevar a efecto una política industrial y comercial que atendiera las demandas internas, pero a su vez, que estimulara una mayor exportación de productos primarios e ir avanzando, simultá­neamente, en la de los productos industriales.

Algunas trabas que impidieron avanzar en este proceso doble fueron:

a)  mercado interno insuficiente;

b)falta de un programa de industrialización planificado, que no respondiera a la coyuntura de la Guerra sino a un interés nacional;

c)  carencia de una base industrial sólida;

d)un ambiente internacional no favorable a las exportacio­nes de la periferia;

e)  un sistema de instituciones económicas anquilosadas y renuentes al cambio, y

f)   una estructura social sui-generis.

Para nuestros propósitos, han sido estas formas instituciona­les las que impidieron a la mayoría de los países de América La­tina hacer más eficientes sus sistemas económicos, obstaculizán­dolos tanto en los cuarenta como en la actualidad. Sin embaído, en la región, el anquilosamiento de las instituciones tiene fuertes implicaciones políticas que impiden su transformación, debido a los grandes intereses que se afectarían. Por ello, los regímenes institucionales son anacrónicos y por ende deben desaparecer para dar pie a otros más acorde a los intereses sociales.

Por otra parte, tenemos que Ragnar Nurkse35considera que un país está insuficientemente desarrollado debido a una constelación circular de fuerzas que tienden a actuar y a reac­cionar una sobre la otra en tal forma que mantienen a un país pobre en un estado de pobreza, dando lugar a un círculo vi­cioso de la pobreza. Ejemplifica con un hombre pobre que no tiene dinero para comer; eso le ocasiona desnutrición; esto le afecta su salud; al ser débil físicamente, su capacidad de tra­bajo es baja, lo que significa que es pobre, lo que a su vez, significa que no tendrá suficiente para comer, y así sucesiva­mente. Una situación similar puede ejemplificar la pobreza de un país (“un país es pobre porque es pobre”). Considera que la insuficiente acumulación de capital se ve limitada por la dimensión del mercado, la cual queda determinada por el ni­vel de productividad, ésta depende de la utilización del capital en la producción. Pero la utilización del capital se ve inhibida, en un principio, por la pequeña dimensión del mercado.

Salir de este círculo significa estimular la producción de tal manera que el mercado se amplíe y, por tanto, escape del punto muerto. Dice que las personas que trabajan con más y mejores instrumentos en un cierto número de proyectos com­plementarios, se convierten en clientes mutuos. De este modo, las industrias que abastecen el consumo masivo son comple­mentarias en el sentido de que se proporcionan un mercado mutuo, ayudando de este modo a su mantenimiento. Esta complementariedad deriva en un “crecimiento equilibrado”. Como se logre el crecimiento equilibrado, si por medio de la planificación gubernamental, por medio de la empresa priva­da o el capital internacional, es una cuestión de método. Lo importante es incentivar la inversión pública o privada en in­dustrias complementarias donde el crecimiento equilibrado de la producción genere economía externa, ampliando la di­mensión del mercado para cada empresa o industria.

Su óptica implica ver la problemática del crecimiento tanto por el lado de la oferta como por el de la demanda. Si consi­deramos el lado de la demanda, tenemos que, los países sub- desarrollados deberían progresar en favor de su crecimiento equilibrado y diversificación impulsando sus exportaciones de productos primarios. Para esto, requieren un orden justo en el comercio internacional, que responda con demanda a la oferta de los bienes de la periferia. Para ello, se necesita una apertura internacional a los productos de la periferia.

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