Fragata (1946) -2

Al escandalo que hacia esta dando ordenes al carretero, se asomo dona Ana a la puerta. Quedo confundida y en el acto se sintio molesta. Don Pedrito, un viejo comerciante retirado, de esos quellevan sicmprc his manos a la espalda, se acerco con animo de comentar.
—Tiene todo el aspecto de una fragata, <<verdad, senora? —dijo don Pedrito.
Dona Ana, quc no cncontraba en quien descargar su disgusto, le dio por toda respuesta una mirada fulminante y no puso atencion en el simil; ello no fue obstaculo para que este tuviera exito, pues a poco la muchacha gorda fue conocida de chicos y grandes por Fragata.
Fragata era enorme, y lo parecia mas porque vestia trajes trans- parentes de eolores claros, que la hacian ridicula. Tenia una cara de focciones groseras y causaba malestar versela tanto y tan mal pintada. A veces se ponia en la cabeza lazos de cintas, como si hubiera sido una nina de pocos anos. Caminaba abriendo las piemas y balancean- do dos brazos cortos, pero gruesos hasta lo increible.
Desde el dia de su llegada empezaron a visitarla los tipos mas raros y a la segunda noche hubo escandalo en su casa. La pequena calle dormia ya cuando se oyeron gritos, maldiciones y carreras. A la manana siguiente, acompaiiada de un policia al que hacia reir con lo que le iba diciendo, Fragata aparecio en la esquina con la cabeza vendada. A un hombre que pasaba se le ocurrio hacer un chiste a costa de ella, y sin respetar la presencia del policia, Fragata empezo a insultarlo a grito pelado.
A partir de ese dia dona Ana inicio la ofensiva sobre su marido.
—Esto es insoportable —le decia—. Mira lo que hemos ganado por venir a vivir a semejante barrio. jBonito ejemplo para los ninos!
Los ninos, sin embargo, no comprendian nada. Fragata era una diversion para todos los de la calle. Asi, grande y gorda como era, se ponia a jugar con los pequenos, a perseguirlos y gritarles palabras extranas, que parecian sucias, pero que estaban matizadas de una temura conmovedora. Corria tras los muchachos, llamandolos por los nombres mas raros y tirandoles piedras. Se reia a carcajadas con ellos y cuando alcanzaba a alguno se ponia a estrujarlo, a besarlo, tirada en pleno polvo de la calle aun cuando su traje estuviera acabado de planchar. Esto ocurria sobre todo de tarde, cuando el silencio era tal que la risa de Fragata podia oirse en los dos extremos de la calleja.

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