Explicacion de la pobreza por la NEI y su posible solucion

Las sociedades que prosperan dependen de incentivos claros para producir y cosechar las ganancias de la cooperación so­cial que se obtienen a través de la especialización, la coopera­ción y el comercio. Los incentivos, aparte de ser claros, deben permitir a los individuos y empresas interactuar de un modo socialmente eficiente, esto es, de manera similar a lo que ocurri­ría en condiciones de sana competencia. En contraste, en un mundo dominado por derechos restringidos, por una débil aplicación de la ley, por la presencia fuerte de todo tipo de monopolios, el intercambio será precario y llevará casi irreme­diablemente a la predación, a la corrupción, a la ineficiencia, y a la inequidad económica y social. Este mundo económico se comporta así, porque existen incentivos poderosos para reforzar una corrupción fuerte y evita crear mercados fuertes y eficientes que maximicen el bienestar.

Los intereses incluyentes deben ser compatibles y consis­tentes con el crecimiento económico y el desarrollo en el sentido amplio del término (con la libertad, la autoestima y la calidad de vida como baluartes). La democracia es la forma histórica del poder más evolucionada e incluyente de los inte­reses de las mayorías. No cabe duda que la democracia ha jugado un papel muy importante en el progreso, en la moder­nización y en el crecimiento de los países desarrollados, por­que es la forma de organizar el poder potencialmente más incluyente. Por eso, en este doble proceso, la revolución insti-tucional, también debe considerar la eficiencia política de los sistemas democráticos y su mejora permanente.

Las preguntas fundamentales que son necesarias formu­lar al neoinstitucionalismo (para fortalecer la lucha contra la pobreza], son: ¿por qué la democracia real no ha surgido en todos los lugares, o por qué no en todos ellos se ha consoli­dado? Y en segundo lugar, ¿cuáles son los elementos que conducen a la democracia real? (Ayala y González, 2001). La respuesta es que la democracia real sólo puede surgir cuando existen los incentivos que permiten involucrar a la mayoría en la construcción de un sistema de intereses incluyentes alinea­dos y en coincidencia con los intereses sociales. Por ello, los resultados diferentes en diferentes economías, se deben a que un conjunto similar de instituciones conduce a resultados di­ferentes, es decir, el mismo tipo de instituciones no tiene los mismos resultados sobre el crecimiento económico en cual­quier lugar en que se apliquen estas instituciones. En esta dirección, se puede afirmar que diferentes democracias, en tanto diferentes arreglos institucionales, producen también diferentes resultados en términos de crecimiento y desarrollo económico.

Pero también, diferentes Estados-nación, con diferentes estructuras de poder y procedimientos decisionales, pueden cambiar sustancialmente el desempeño económico. Un Es­tado dominado por un conjunto de intereses estrechos, de visiones estrechas va a ir acompañado de una democracia débil lo cual, a su vez, conducirá inevitablemente a preda­ción e ineficiencia económica. La mejor democracia, medida por su capacidad para mejorar el desempeño económico, será aquella que tenga mayor capacidad de dar cause a los intereses incluyentes, o que tenga capacidad de incluir inte­reses divergentes, o para atenuar la incompatibilidad de in­centivos, o disminuir la inconsistencia intertemporal de los resultados económicos y sociales de las decisiones político económicas.

La democracia, desafortunadamente, no es un modelo  perfecto, aún en ella los intereses egoístas buscan obtener oportunistamente la mayoría del electorado o del apoyo de las masas. Estos incentivos conducen irremediablemente, por ejemplo, a prometer más gasto público y, muchas veces, con menores impuestos, si ello llegara a ocurrir, entonces lo que se estaría engendrando es una crisis fiscal, o bien, puede sur- gir una poderosa tentación en los gobernantes a usar los re-cursos públicos de una manera ineficiente, personal o peor aún, patrimonialista. Una carencia de restricciones adecuadas pueden afectar tanto a regímenes autoritarios como a demo­cráticos, indistintamente.

La democracia, en tanto que arreglo institucional, abre varias preguntas: ¿la competencia partidista generará mucha distorsión en los incentivos para aumentar los gastos (y des­pués los impuestos)? ¿Los partidos que buscan maximizar los votos, empujarán las tasas fiscales a su nivel máximo? La mayoría, en la democracia, tiene potencialmente incentivos para favorecer las ganancias en los mercados, y no sólo en las políticas distributivas de la riqueza, porque los políticos y los burócratas están restringidos por instituciones que funcionan bien: pesos y contrapesos, rendición de cuentas, etc. A este respecto, habría que aseverar que, en los Estados autoritarios la tentación a caer en políticas populistas, corrupción, o pre­dación es muy grande, porque las instituciones restrictivas son débiles, o simplemente no existen.60

Los intereses incluyentes en las democracias no surgen espontáneamente ni por libre voluntad de los decididores políticos, por el contrario, surgen por la pugna y considera­ción de éstos en las agendas políticas, en realidad, se re­quiere de arreglos institucionales y de restricciones que permitan arribar a un acuerdo a favor de la inclusión. Por ejemplo, pesos contrapesos y una más explícita mayoría se requeriría para una decisión crucial como la anterior, lo cual es común en democracias representativas. Así, mayo­rías débiles frecuentemente no pueden lograr sus objetivos, lo cual crea incentivos para hacer que las mayorías se conduzcan en una dirección que favorece el desarrollo de intereses incluyentes, como efectivamente ocurre en mu­chas democracias.

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