Elsocio (1947) -8

El otro no supo que contestar. Desde los lejanos sembradios llegaba una suave brisa doblando hojas. Con ella viajaban trinos de pajaros y voces de hombres que cantaban.—Todo lo que has deseado —comento, al rato el visitante— … La gente dice que tu tienes un arreglo con, con …
Don Anselmo sonreia con cierta amargura.
—Dilo —pidio—; puedes decirlo, que no me molesta.
—Bueno, ya tu sabes —termino el otro.
A su lado, cogido a su brazo, don Anselmo dijo:
—Yo voy a ensenarte ahora cual es mi socio; lo vas a ver.
Entre curioso y asustado, deseando decir que no y sin atreverse a hacerlo, su amigo lo miraba extranamente mientras subian las escale- ras. Se encaminaron al dormitorio. Alii habia una caja de hierro. Don Anselmo la abrio y mostro a su amigo una pila de billetes de banco y una funda con monedas de oro.
—Ese es mi socio —dijo con serenidad.
Todavia estaba el indice de don Anselmo senalando el dinero cuando sono el bufido. Fue una especie de bufido de colera. El visitante oyo y le parecio que habia salido de los labios de su amigo,
pero al volverse para mirarlo se impresiono enormemente; con los ojos desorbitados, palido y tembloroso, el dueno de la casa miraba a traves de la ventana y su rostro se veia desfigurado por una mueca de terror.
Unas horas mas tarde —a las doce en punto de la noche—, el viejo Adan Matias quemo el azufre, rezo la oracion y pego los tres gritos. Su voz resono en todo el sitio, y no habia en ella la mas ligera huella de miedo. A la luz del azufre quemado brillaban los ojos de Adan Matias y parecian mas crespos sus canos bigotes.
Aun no se habia apagado el eco del ultimo grito cuando se oyo un tronar impetuoso, barbaro, como si la loma hubiera estado de- rrumbandose o como si un ciclon llegara descuajando arboles. El viejo no sintio ni frio. De subito vio una luz verdosa reventar ante el, comenzo a envolverle un humo azul y brillante, y por entre el humo advirtio un rabo que se agitaba con violencia. “Bueno, ya ta aqui”, penso Adan Matias; y se dispuso a hacer su trabajo con la mayor serenidad.

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