Elsocio (1947) -6

—Que va uste a hacer, taita?
—Uste espereme y no pregunte —ordeno el.
Estuvo en el patio bregando con un caballo, lo aparejo, y dicien- do a la hija que si no volvia antes del amanecer no se apurara, encamino a la bestia por detras de la casa y le saco todo el paso de que ella era capaz.
A la caida de la tarde estaba el viejo Adan Matias frente a la Loma del Puerco. Pregunto en un bohio y le senalaron la vereda que lo llevaria a la casa que buscaba. Llego oscurecido ya. A1 cabo de dos horas de estar repechando loma, al caballo se le sentia el corazon a flor de pecho. A traves de la puerta del unico bohio que habia por alii, Adan vio un hombre, media docena de muchachos y una mujer. El hombre se levanto, salio y se pego a la bestia.
—iVive aqui la hija de una tal Terencia? —le pregunto Adan Matias.
—Elio si. iQuiere verla?
De anos, oscura, de piel grasienta, con los sucios cabellos echa- dos sobre las mejillas, con los ojos torcidos hacia abajo y la boca desdenosa y la nariz larga y un tunico lleno de tierra, a la hija de Terencia solo le faltaba la escoba entre las piemas para ser una bruja. Al principio la mujer rehuyo explicar lo que sabia, pero el viejo andaba dispuesto a todo y no se quedo corto al ofrecer. Se habian metido en un cuartucho alumbrado por una vela y llevaban mas de media hora hablando en voz baja cuando ella acepto.
—Bueno, mama me dejo el secreto.
Ella vio como le brillaban los ojos al viejo y como batio la
quijada, pero tal vez no se dio cuenta de todo lo que eso significaba para el. Sin embargo empezo a responder las preguntas de Adan.
—No, ni yo ni naide sabe la fecha. El solo se deja ver del que tenga negocio con el. El unico que lo conoce bien es don Anselmo, pero ni an mama lo vido nunca.
—Ta bien —corto Adan—. No se entretenga tanto, y siga.
—Bueno, como le diba diciendo: se prende el azufre, pero no en cru, y uste dice la oracion; cuando termina coge y pega tres gritos llamandolo, pero han de ser gritos de hombre, porque el no dentra en negocio con gente que se ablande dispue; asina que como el ta en acecho, tiene que andar con cuidao, porque si le tiembla la vo, ni an se asoma. Y to eso, tal como le digo, solo al pie del amacey, el que ta arriba mismito, y al punto de la medianoche, ni pa tras ni pa lante.
—Bueno —dijo Adan—, lo que ta malo es lo del azufre. Tendre que dir al pueblo a buscarlo. Por lo de los gritos no se apure, que a mi no me tiembla na.

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