Elsocio (1947) -4

Exactamente a la hora en que entraban al pueblo al quemado Negro Manzueta, ponian en libertad a Dionisio Rojas. Con un paquetito de ropa al hombro, sin un centavo encima, Dionisio se detuvo a mirar la inmensidad del cielo.
—Bueno, al fin llego mi hora —dijo. Y echo a andar.
Dando pie, se hallo en el lugar a medianoche. Habia luna. La tierra negra, desnuda y bien barrida hacia resaltar el color bianco de la vivienda. Dionisio contemplo con cierta amargura el paisaje familiar y se puso a pensar. Dormirian su hermano y su cunada? Los perros alborota- ron, pero al reconocerlo se tiraron contra el suelo, blandiendo los rabos.
Viendo el bohio, la rabia endurecio todo el cuerpo de Dionisio. En seis meses ni su hermano ni su cunada fueron a verle. jDaban ganas de escupirlos a los dos! ^Llamar? ;No! Se fue a dormir en la enramada, sobre unas esterillas viejas.
Desperto bien temprano y se dirigio al porton. Vio el conuco desperezarse a la brisa del amanecer, vio las calandrias cruzar en direccion del monte, vio las gallinas bajar de los palos. Nada le alegraba. De pronto oyo ruido a su espalda y se volvio. El hermano estaba en la penumbra del bohio, mirandole con ojos duros. Dionisio se tiro de las trancas, donde se habia sentado, y camino hacia el bohio. El otro ni se movio.
—Como que se azora de verme —dio Dionisio.
—Elio si. No se a que viene.
Sujeto a la puerta, su hermano parecia su enemigo. Oyo a la mujer exclamar desde adentro:
—Adio … ? Y es Dionisio?
El hubiera preferido no hablar, pero tenia que hacerlo.
—Vengo porque esta es mi casa y porque quiero averiguar lo de la verea —dijo.
—La vendi; vendi la tierra de la verea —explico secamente el otro.
Dionisio sintio que la colera le hacia crujir los huesos. Con un brazo aparto a su hermano y entro en el bohio. Alla, por lo hondo, penso que su hermano estaba flaco; flaco y descolorido. Dionisio buscaba con la mirada donde sentarse.
—Vea —dijo—, uste no podia hacer eso. La herencia no ta dividia.
—Pero me dio la gana —rezongo el otro—. Me dio la gana, contimas que si taita tuviera vivo lo desheredaba a uste.
Dionisio casi no podia seguir oyendo. jVirgen Purisima, las cosas que estaba aguantando desde hacia meses! Pero hizo esfuerzos por mantenerse sereno.
—Asunte —dijo—, don Anselmo me ha deshonrao. Me deshonro pa cogerse la tierra de la verea, y uste, que es mi hermano, se la dio; pero don Anselmo no pasa de hoy vivo. Lo que me ta doliendo es que uste crea lo que dijo de mi ese ladron.
—Uste dijo la palabra —escupio el hermano—. Uste la dijo. Si quiere hacemos el reparto ya mesmo, pero aqui, en mi casa, no dentra mas.
Con la garganta seca y casi ciego de ira, Dionisio se levanto.
—Me ta insultando, Demetrio! —grito.
El otro le senalo la puerta.
—Su sitio ta ajuera —dijo.
—Me ta insultando! —tomo el a gritar, fuera de si.
Y como Demetrio seguia mirandole con tanta dureza y senalan- do el camino, Dionisio perdio el ultimo resto de serenidad y se fue sobre el hermano. Levanto la mano y pego.

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