Elsocio (1947) -3

Sin darle descanso al cuerpo y muy contento por lo que iba a hacer, Manzueta se entrego a una curiosa faena; al lado de cada poste fue colocando una astilla, y a veces dos, clavadas en la tierra. Al caer la noche habia andado no sabia cuanto; luego empezo el camino al revcf, dandoles candela a las astiilas. Asi, a la hora en que alia en el pueblo el sacristan tocaba las animas, en El Sabanal podia verse una hilera de postes ardiendo y a Manzueta corriendo de poste en poste, con una tea en la mano.
Aquella movil y alegre linea de fuego subia cerros, bajaba hondo- nadas, atravesaba pajonales. Todo el monte se iluminaba con la demoniaca siembra de Manzueta. El perro ladraba mientras, crepitan- do y crispandose, se chamuscaban las hojas de los arboles cercanos.
Nadie veia aquello; nadie, por tanto, sabria nunca la verdad. Las llamas iluminaban la sonrisa del Negro Manzueta; los ladridos de Tiburon atronaban, contestados a la distancia por otros; el alambre caia a trechos, enrojecido por las llamas, y la cerca levantada por los pcones de don Anselmo no tardaria en irse al suelo. Mientras tanto el fuego seguia extendiendose, creciendo cada vez mas, y los platanales y los ranchos de tabaco se danarian o arderian. El Negro Manzueta se haliaba contento.
—Que venga a salvarlo el Socio! —gritaba lleno de orgullo al tiempo quc seguia sembrando fuego.
Pero el Socio si fue. Soplo de pronto un viento inesperado que subia del arroyo, y arranco chispas a las llamaradas. El Negro Manzueta vio las chispas volar en direccion de su conuco y penso en sus platanos y en su rancho. Mas se rehizo pronto y volvio a sentirse alegre.
Sin duda tambien el viento estaba contento. Soplo mas fuerte, mucho mas, y de subito la candela se extendio sobre un pajonal; camino como viva, a toda marcha, hacia el conuco de Manzueta; anduvo de prisa, y en pocos segundos hizo una trocha roja, cardena, coronada de humo negro. Manzueta la vio y subio a su rancho. El perro ladraba. El hombre vio la llama henchirse de pronto, alzarse y caer de golpe, llevada por la brisa, sobre las yaguas de la vivienda. El Negro corrio mas.
—Ah candela maldita! —rugia.
Con el machete en la mano, revolviendose airado, cruzo y se metio en el rancho. Estaba como ciego de colera. Golpeaba con el arma. jAIla iba la candela metiendose entre el tabaco! Golpeo mas y mas. Fue entonces, sin duda, cuando sin saber que hacia dio con el machete en el varejon de arriba. Inesperadamente se derrumbo el techo, y las yaguas encendidas y los maderos echando llamas le cayeron encima sin que el pudiera defenderse. Salto y quiso huir cuando noto que la camisa le llameaba. Debio tropezar con algo, y
cayo. El perro gritaba y el hubiera querido que se callara. El ardor en la cara y en el vientre era insoportable. jY la candela metiendose en el conuco! Ahi, en tal momento, pegado a la tierra, impotente, el Negro Manzueta creyo ver el origen de aquella desgracia. Alzo la cabeza, aterrorizado y frio de miedo.
—El, el! —barboto.
La idea sacudio al hombre de arriba abajo. Su miedo se hizo subitamente tan grande que le impedia moverse. Suplicante, casi llorando, logro decir:
—Fue el! iEn el nombre de la Virgen, fue el Socio!
Voraz e implacable, el fuego consumio en poco tiempo la pro- piedad de Manzueta; pero afuera, en las tierras de don Anselmo, nada habria de pasar. Mientras las llamas se entretenian con lo del Negro, arriba, en el cielo, se presentaron nubes inesperadas que encapotaron la noche y a poco empezo a caer un chaparron violento que hacia chirriar los postes carbonizados al apagar los troncos encendidos.
Por la manana encontraron al Negro Manzueta lejos de su rancho. Habia ido arrastrandose hasta el camino de La Jagua, seguido por el perro, que se adelantaba en carreras multiples y veloces y ladraba sin cesar.
Mirando al hombre, una vieja chiquita, flaca y de rasgos duros
dijo:
—No ven? Eso ha sio el Socio.
Con ojos de asustado, un negro manco que tenia una cicatriz en la frente murmuro:
—Si, fue el Socio.
—Fue el Socio, el Socio! —aseguro la voz de centenares y centena- res de personas, mientras en toda la region se comentaba el suceso.

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