Elsocio (1947) -10

—Las tierras —decia uno de ellos— las fui consiguiendo poco a poco. Compraba frutos a la flor, con la propiedad de garantia. Lo demas era facil. Con dinero se arregla todo, creelo.Adan Matias tosio. El que hablaba alzo la cara.
—Que desea, amigo? — pregunto, sin duda asombrado de que alguien hubiera entrado hasta alii sin su permiso.
El viejo se acerco con paso seguro.
—Quien es aqui don Anselmo? —inquirio.
El hombre tenia en ese momento un cuchillo untado de mantequi- 11a en una mano y un pan en la otra, y se quedo como alelado, sin mover ninguna de las dos manos. Ignoraba debido a que, pero sentia algo raro. Quiso saber por que aquel viejo le preguntaba por don Anselmo.
—Tengo que verlo —explico el viejo Adan Matias. Yo soy el agiielo de la Chinita.
—Ah … iDe la Chinita?
Y de pronto, llevado quien sabe de que impulso, don Anselmo senalo a su amigo, que estaba sentado frente a el.
—Este es don Anselmo —dijo.
Adan Matias penso: “Ahora si se arreglo esto”. Y con paso firme se arrimo al supuesto don Anselmo.
—Ah —empezo—. Yo queria verlo, amigo, porque ese asunto de la Chinita…
Pero le parecio que ya habia hablado mucho. Haciendose el distraido, no habia despegado la mano del cabo del machete; y de pronto, con velocidad de relampago, alzo la vaina y saco el hierro. Al ver aquello, el hombre a quien Adan Matias tomaba por don Anselmo trato de esquivar el golpe, se enredo en la silla y cayo de bruces en el piso. Silbando en el aire, el machete habia cruzado por encima de su cabeza y tropezo, chasqueando, con el pescuezo del verdadero don Anselmo. Al golpe, como de una fuente, salto la sangre. Durante unos segundos Adan Matias parecio perplejo.
—Confiro —dijo en voz alta—, me han jugao sucio!
Mientras don Anselmo trataba de escapar a cuatro pies, el amigo se metia bajo la mesa, y ahi, lleno de colera, fue a buscarlo el viejo.
—No soy yo, no soy yo! —gritaba el desdichado—. Es el, el es don Anselmo!
Confundido y verdaderamente disgustado, Adan Matias penso que el Socio le habia jugado sucio; pero su confusion duro muy poco porque inmediatamente tomo una resolucion: “Por si acaso, los arreglo a los dos”, penso.Iba a hacerlo ya, y en eso vio a una vieja que se asomaba por la puerta del aposento. Al ver la escena, la vieja se llevo las manos al —Como que ta loco el viejo ese —dijo uno, con la voz ahogada por la carrera que iba dando.
Y el otro, sin dejar de correr, aseguro:
—Si, ese ta loco; segurito que ta loco.
Y por loco lo tuvieron cuando se dejo echar mano sin hacer resistencia. Habia detenido el caballo; seguia mirando hacia el cielo con el rostro iluminado por una ligera sonrisa, y pensaba, complaci- do, que aunque el mundo habia cambiado mucho, todavia quedaba alguien capaz de cumplir sus compromisos. Y como estaba seguro de que los hijos de don Anselmo le darian muerte ese mismo dia, el, Adan Matias, cristiano viejo, no se alarmaba al pensar que tardaria muy poco en entregarle su alma al Diablo.
Trato es trato, y el Diablo se habia portado lealmente. “Como un hombre serio”, se decia Adan Matias al tiempo de entregarse.

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