El trasfondo tematico y formal de la narrativa boschiana -8

3) Presentacidn paulatina y progresiva del desenlace de la action. Obviamente en todo cuento hay el relato de un hecho cuyo nucleo argumental atrae la atencion del lector, y depende de la tecnica narrativa el efecto del impacto que ese hecho, con su tema inherente, ha de producir en el lector.
El principio de que el cuento “debe iniciarse con el protagonista en accion” (“Apuntes… ”) es algo que Bosch cumple indefec- tiblemente, y como la mayoria de sus cuentos y relatos narra una accion dramatica o tragica, suele emplear recursos de tension y distension, similares a los del drama o la tragedia, con cierta anticipa- cion al modo homerico:
Empezaba a sentirse tranquilo Encamacion Mendoza, porque tenia la seguridad de que habia escogido el mejor lugar para esconderse durante el dia, cuando comenzo el destino a jugar en su contra.
Pues a esa hora la madre de Mundito pensaba igual que el profugo; nadie pasaria por las trochas en la manana, y si Mundito apuraba el paso haria el viaje a la bodega antes de que comenza- ran a transitar los caminos los habituales borrachos del dia de Nochebuena. [... ] El caserio donde ellos vivian —del lado de los cerros, en el camino que dividia los caiiaverales de las tierras incultas— tendria catorce o quince malas viviendas, la mayor parte techadas de yaguas. Al salir de la suya, con el encargo de ira la bodega, Mundito se detuvo un momento en medio del barro seco por donde en los dias de zafra transitaban las carretas cargadas de cana. Era largo el trayecto hasta la bodega. El cielo se veia claro, radiante de luz que se esparcia sobre el horizonte de cogollos de cana; era grata la brisa y dulcemente triste el silencio.
Luego se cuenta que Mundito, por casualidad, descubre el es- condite del fugitivo, lo denuncia; el momento de la tension adviene cuando los soldados lo atacan y el desconcierto sobreviene cuando el muerto resulta ser el padre de Mundito.
La ley de la afluencia constante, que Bosch descubre para el cuento, la aplica nuestro narrador con escrupulosidad, para lo cual se atiene al hecho que nuclea la accion con las palabras indispensables —o economia linginstica— para narrarla. Naturalmente, se trata de un creador literario que tiene conciencia de su rol como escritor, que crea un mundo narrativo con sus valores esteticos y por tal razon aparecen las imagenes literarias: hay un uso del lenguaje y del estilo apropiado a cada cuento o relato, y en ocasiones, hay el empleo del lenguaje poetico, pues a menudo el narrador contrasta el hecho tragico o dramatico con la descripcion poetica de la naturaleza. A veces le basta una simple pincelada para encantamos con la magia de su palabra:
Hora llena de impresionante calma, aquella en que estabamos me infundia sentimientos de bienestar. Se oia el vago rumor del bosque y del no; la brisa de la noche pasaba por la arboleda vecina; desde la sala se veian cruzar los cocuyos iluminando la oscuridad y un coro de grillos parecia hacer germinar sobre la tierra una rara musica de encantamiento.
A veces tambien, le basta al narrador encontrar las palabras precisas para describir el contexto que anima el relato o el trasfondo ambiental del acontecimiento que narra para subyugar al lector con los datos sensoriales de unas descripciones que parecen hechizos de la imagination:
Una poderosa masa de arboles cubria del todo el agua y aquel sitio tenia un olor penetrante y suave a la vez. No hablabamos. Acaso Justo me llamaba la atencion sobre alguna piedra o alguna rama que podia hacerme dano, pero yo apenas le oia. Me habia entregado a disfrutar de la noche. La fuerza del mundo se sentia alii. Cantaba alegre y dulcemente el rio, chillaban algunos insec- tos y las incontables hojas resonaban con acento apagado. De pronto por entre las ramas enlazadas aparecio una luz verde, palida, delicada luz de hechiceria, y vimos las ondas del rio tomar relieve, agitarse, moverse como vivas. Todo el sitio empezo a cobrar un prestigio de mundo irreal. Los juegos de luz y sombra animaban a los troncos y a los guijarros y parecia que se iniciaba una imperceptible pero armonica danza, como si al son de la brisa hubieran empezado a bailar dulcemente el agua, los arboles y las piedras.Esa descripcion poetica de la naturaleza es en ocasiones una tactica narrativa para amansar la tension del lector y mantenerlo con la energia suficiente para el desenlace ironico, desconcertante y sorpresivo mediante el cual acentua el impacto emocional en un lector sacudido por un suceso angustioso o penante, sedado por unas descripciones lujuriosas y subyugantes y crispado por un final inesperado. En un cuento en el que el narrador produce el encantamien- to a base de sombras y luces, de espejos y lluvias, y en el que el personaje principal creyo burlar las pesquisas de los guardias tras los guerrilleros de la manigua y por desoir la intuicion de la mujer que le advierte el peligro del momento, el hacha de luz cortejo su aliento sorprendido:
El disparo pudo no haber sido, porque Telo solo tuvo el asombro de los arboles iluminados repentinamente por un resplandor rojizo. Todo volvio a ser negro. Se llevo la mano derecha al pecho y sintio la humedad del suelo, al caer.
Fiquin comprendio la verdad; mas no perdio el conocimien- to sino cuando oyo, detras del bohio, la voz ronca del teniente: —No me equivocaba. Los ojos de la mujer lo vendieron.
Y luego, como quien habla con otro:
—Busca los muchachos. Estan en Las Cruces.
Fiquin lloraba. Hasta los ladridos de Alianza parecian hechos de sombras.
Tambien a ella la estrangulo la noche, como a la lamparita.
El recurso del desenlace ironico esta articulado por una sorpresa al final del episodio, casi siempre tragica, pues el desenlace adviene con la muerte de quien menos se espera. Asi en “La mujer”, la protagonista mata a Quico, su protector; en “Sombras”, Telo, el protagonista, recibe el disparo mortal; en “Guaraguaos”, el hombre muerto resulta el hijo del atacante; en “La sangre”, el matador era el hijo del protagonista; en “La Nochebuena de Encamacion Mendoza”, el hijo se encuentra con un fugitivo que, despues de muerto, resulta ser su padre.

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