El trasfondo tematico y formal de la narrativa boschiana -3

2) La habilidadpara resistir las adversidades, y que desarrolla tambien en tres modalidades tematicas, orillables en sus cuentos y relates: en primer lugar, la capacidad de resignacion de hombres y mujeres sometidos a infortunio, abuso o desgracia. En “Los amos”, Cristino accede, sin poder, a los reclamos del patron inmisericorde:
El sol hervia en cada diminuta hoja de la sabana. Desde las lomas de Terrero hasta las de San Francisco, perdidas hacia el norte, todo fulgia bajo el sol. A1 borde de los potreros, bien lejos, habia dos vacas, Apenas se las distinguia, pero Cristino conocia una por una todas las reses.
—Vea, don —dijo—, aquella pinta que se aguaita alia debe haber pario anoche o por la manana, porque no le veo barriga.
Don Pio camino arriba.
—Uste cree, Cristino? Yo no la veo bien.
—Arrimese pa aquel lao y la vera.
Cristino tenia frio y la cabeza empezaba a dolerle, pero siguio con la vista al animal.
—Dese una caminadita y me la arrea, Cristino —oyo decir a don Pio.
—Yo fuera a buscarla, pero me toy sintiendo mal.
-La calentura?
—Unju. Me ta subiendo.
-Eso no hace. Ya uste esta acostumbrado, Cristino. Vaya y traigamela.
Cristino se sujetaba el pecho con los dos brazos descama- dos. Sentia que el frio iba dominandolo. Levantaba la frente. Todo aquel sol, el becerrito …
-«Va a traermela? —insistio la voz.
Con todo ese sol y las piemas temblandole, y los pies descal- zos llenos de polvo.
-Va a buscarmela, Cristino?
Luis Pie”
Tenia que responder, pero la lengua le pesaba. Se apretaba mas los brazos sobre el pecho. Vestia una camisa de listado sucia y de tela tan delgada que no le abrigaba.
Resonaron pisadas arriba y Cristino penso que don Pio iba a bajar. Eso asusto a Cristino.
—Elio si, don —dijo—; voy a dir. Deje que se me pase el frio.
En segundo lugar el narrador presenta a traves de los hechos que narran sus cuentos, la capacidad de resistencia contra la explotacion, insania o la crueldad que sufren los de abajo. En “Forzados”, el personaje del cuento, al regresar a su casa, despues de tantas vejacio- nes, busca el arma por tanto tiempo escondida y al desenterrarla de su escondite lo hace como el ultimo recurso contra sus opresores:
Mas Bolito no volvio el rostro. Lo que hizo fue apresurar el paso un poco mas. Se metio en el conuco, atraveso el pequeno cacaotal y se detuvo junto a una palmera; la rodeo, se agacho y comenzo a hoyar. Con la mano izquierda iba sacando la tierra negra y humeda. Un pie de profundidad tendria el hoyo cuando el machete choco con algo que dejo oir ruido metalico. Bolito, cuidadosamente, se dio a ensanchar el agujero y extrajo con lentitud una vasija de lata cuadrada. La destapo. Hasta la mitad tenia aceite de coco. Con un brillo raro en los ojos, Bolito saco de la vasija un reluciente revolver que chorreaba aceite. Lo desgozno, sonreido, sin ver nada de lo que le rodeaba. Despues, con el mismo amor que a un nino, lo puso junto al pecho y comenzo a acariciarlo lentamente . ..
Hacia las lomas remotas se le iban los ojos humedos.
Al tiempo que narra la desesperacion del hombre, retrata la silueta del contorno campesino y apunta la intencion de su busqueda ansiosa. Bosch se diferencia de los restantes criollistas dominicanos por asumir, con identification autentica, el mundo real que circunda la vida del campesino, sin idealizarlo con la vision bucolica de narra- dores que ven, desde fuera, al labriego campesino, y sin exaltarlo con la vision demagogica de escritores panfletarios para usufructuar, con fines subaltemos, la situation calamitosa de los campesinos criollos.
Por esa razon, y en tercer lugar, Bosch resalta la capacidad de enfrentamiento del campesino criollo contra las fuerzas destructoras de la naturaleza, donde el mal tiempo, por las circunstancias preca- rias en que desenvuelve su vida el hombre pobre, sufre los peores embates del temporal inclemente de solazos o lluvias:
Pero en tal momento un extremo del caobo salto, como un pez que huye, y cuando pego de nuevo en el agua habia sido arrastra-
do casi dos varas mas alia. Julian quiso bracear otra vez; mas de subito, con un impulso brutal y despiadado, el dolor de la cadera estallo, enfriandole el vientre, y sintio los brazos paralizados. El muchacho abrio la boca, ya con la nariz y la cuenca de los ojos afilados por el color amarillo que iba transfigurando sus faccio- nes. Ciego y sordo, trato de salir adelante, luchando por no hundirse, seguro de que iba a veneer. Hasta que no pudo mas. A pesar de que no veia cuando por ultima vez saco la cara a la superficie, tuvo, sin embargo, la fugaz impresion de que la lluvia pegaba duramente en el rio; lo cual —aunque ya para el estaba desapareciendo la mentira y la verdad— era absolutamente cierto.

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