El trasfondo tematico y formal de la narrativa boschiana -2

La situacion en que se halla la mujer es obvia, y ante el dolor y la tristeza, aparece la lluvia, simbolo de dolor, de angustia, de tragedia en Bosch, como advirtiera Margarita Fernandez, aunque aparece tambien el simbolo contrapuesto, el camino, en representacion de la alegria y la esperanza, de modo que la angustia (“Lluvia”) y la espe- ranza (“Camino”) son los dos polos en que se debaten los sufrientes hijos del pueblo. El narrador pasa de su posicion de omnisciente a enfocar las cosas desde la perspectiva del personaje actuante (“o tal vez el rio … ”), expresion que refleja cierta perplejidad o duda, para dar a entender al lector que esta narrando el hecho como lo vive y lo siente la protagonista.
En segundo lugar apreciamos el infortunio de los desvalidos, cuya causa de ese infortunio conocia el autor de una manera instinti- va, porque su padre le enseno a amar a este pueblo y a no reconocer como validas las afirmaciones de sus amigos comerciantes que de- dan que los hombres y mujeres del pueblo, especialmente los cam- pesinos, eran haraganes y torpes, y muchos anos despues Bosch conoceria de una manera cientifica las causas de ese infortunio que le habia herido profundamente en sus entranas y que hizo posible que lo canalizara creadoramente como tema de sus cuentos y relatos y novelas en obras llamadas a tener una permanencia entre nosotros porque no se trata solo de un testimonio cualquiera sino que el autor supo darlo con la maxima eflcacia artistica. En “El Socio” se aprecia la rapina del latifundista explotador que despoja sin miramientos ni consideracion a los pobres campesinos de sus tierras y ganancias, valiendose de su poder y de dolosas artimanas y aprovechando la ignorancia de los humildes labriegos cuyas creencias enajenan y desarticulan su capacidad de reclamo:
Todo le salia bien. Igual que si fueran hombres, las palizadas se manteman anda que anda, siempre hacia afiiera, ampliando la propiedad. Una tropa de peones se encargaba de sembrar los postes y tirar el alambre, y durante el ano entero aquella tropa vivia ocupada. Llego el dia en que sin salir de las tierras de don Anselmo podia irse de Hincha a Rincon flanqueando la cordillera y sin tener que repechar una loma. Entre las cercas habia leguas de potreros, platanos y cacaotales, extensiones enormes de maiz y de pinas.
Hubo anos en que el don agoto la cosecha de muchachas de La Rosa, y entonces se iba a otros lugares y las pagaba en lo que le pidieran. Las admitia de cualquier color, siempre que fueran tiemas; pero las preferia triguenas, como la nieta de Adan Matias.
Le gustaban triguenas como le gustaba la tierra con aguadas, igual a la del Negro Manzueta. Y estaba acostumbrado a que todo el mundo cediera ante el por las buenas —con su dinero— o por las malas, como tuvo que ceder Dionisio Rojas.
En tercer lugar, la desgracia de los pobres, que es tambien, como el sufrimiento y el infortunio, una consecuencia de su situa¬tion de miseria y desvalimiento. La pobreza, en paises con una brecha tan grande entre ricos y pobres, es ya un pecado social, como sostiene Puebla, pues el pobre esta condenado a quedar al margen de la vida por los efectos inevitables: hambre, enfermedades croni- cas, analfabetismo, depauperation (Puebla NQ 26), por lo cual la creciente brecha entre ricos y pobres no solo es el lujo de unos pocos sino un insulto contra la miseria de las grandes masas, un “pecado social” inadmisible (Puebla Ne 28). Como Luis Pie era, ademas de haitiano, pobre, le achacaron el incendio del Canaveral que por descuido habian causado unos senores alegres que iban en plan de fiesta y los guardianes del ingenio se lo atribuyeron al desvalido haitiano, a quien azotan sin piedad:
Tardo una hora en llegar al batey, donde la gente se agolpo para verlo pasar. Iba echando sangre por la cabeza, con la ropa desgarrada y una piema a rastras. Se le veia que no podia ya mas, que estaba exhausto y a punto de caer desfallecido.
El grupo se acercaba a un miserable bohio de yaguas para- das, en el que apenas cabia un hombre y en cuya puerta, destaca- dos por una hoguera que iluminaba adentro la vivienda, estaban tres ninos desnudos que contemplaban la escena sin moverse y sin decir una palabra.
Aunque la luz era escasa todo el mundo vio a Luis Pie cuando su rostro paso de aquella impresion de vencido a la de atencion; todo el mundo vio el resplandor del interes en sus ojos. Era tal el
una voz Ilena de angustia y de temura, se alzo en medio del silencio didendo:
—Piti Mishe, mon piti Misho! diti no ta enferme, mon piti? Tutabien?Como en “Fragata”, la prostituta rechazada, en “Luis Pie”, el haitiano despreciado, Juan Bosch presenta la faceta humana escondi- da de estos seres marginados: el rasgo de hondad, de temura, de compasion, en hombres y mujeres que aun en la pobreza y el rechazo, atesoran lo mas valioso del ser humano.

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