El desarrollo económico en John Stuart Mili

Stuart Mili,14 al igual que Smith, es uno de los autores clá­sicos que más resaltó el papel de las instituciones en el desarrollo económico. Para él, la condición económica del ser humano es su propensión al cambio, particularmente a los cambios continuamente progresivos de los sistemas económicos. Un gran cambio es el dominio casi continuo del hombre sobre la naturaleza y la mayor destreza que manifiesta sobre ella. Con estos cambios y dominios, las naciones aumentan gradualmente su población y su pro­ducción, de manera progresiva, lo que en sí constituye su progreso material.

Otro cambio que caracteriza el progreso de la sociedad es un continuo aumento en la seguridad de personas y propieda­des. Considera que en cada época se realizan avances a este respecto, por lo que cada generación social cada vez está mejor protegida por medio de instituciones o sistemas de opinión, contra el arbitrario ejercicio de poder del propio Estado.

Cree que uno de los cambios que más infaliblemente afectan al progreso de la moderna sociedad es una mejora en la capacidad de empresa de la masa general de la huma­nidad, que tiene como sustento una característica de los hombres civilizados: la capacidad de cooperación, que tiende a mejorar con la práctica y a extender su esfera de acción.

Respecto al incremento de la población, manifiesta la se­guridad de que no se debe temer que su incremento vaya a exceder a la producción, y aun en el caso de que progresen a la par de productos y capitales, no vaya de acuerdo con el supuesto de una mejora real en las clases más pobres del pueblo. Pues, es de esperar una mejor distribución de la rique­za global donde los ricos no se hagan más ricos sino que los pobres salgan de esa condición, y las clases intermedias se hagan más numerosas y poderosas, extendiéndose así los medios de una vida más confortable.

En una sociedad constituida por propietarios de tierras, capitalistas y trabajadores, el progreso sobre la distribución provoca tres efectos: aumento del capital, aumento de la po­blación y mejoras en la producción. Tal progreso económico tiende al enriquecimiento progresivo de la clase de los propie­tarios sí el coste de las subsistencias de los trabajadores tien­de en conjunto a aumentar y los beneficios a disminuir. Pero, en la medida en que se producen mejoras en las técnicas y métodos de producción, estas pérdidas de beneficios, se re­vierten, permitiendo acumular y emplear una mayor cantidad de capital.

Los inventos abaratan los productos consumidos por los trabajadores, haciendo disminuir con el tiempo sus salarios monetarios y, al hacerlo, permiten acumular y emplear un mayor capital, antes de que los beneficios caigan de nuevo a la situación en que estaban inicialmente. Las mejoras en la producción de bienes de lujo, no operan tan inmediatamente como los de consumo al no dar lugar a un abaratamiento del costo de trabajo.

Dos factores más contribuyen a reducir el nivel de bene­ficios: el comercio exterior y la exportación de capital. El efec­to que el comercio propicia sobre los beneficios se logra a través del abaratamiento de los bienes de consumo obrero mediante su adquisición en el exterior. La importación de es* tos bienes hace disminuir el coste del trabajo y aumentar el beneficio, siempre y cuando se pueda seguir importando es­tos bienes sin que se encarezcan.

Por otra parte, la exportación de capital opera en dos sen­tidos. Primero, elimina una parte del incremento del capital que da origen a la reducción de los beneficios, y segundo, el capital así eliminado no se pierde, sino que al emplearse en fundar colonias que exportan bienes de consumo para los obreros propios, abarata la mano de obra local.

Para Stuart Mili, el estado al que tiende la humanidad es al del progreso interminable en el que en cada etapa ascende­rá a un mayor nivel de progreso, que será real si se abre a todo mundo, sin favoritismos ni parcialidades. Considera el mejor estado para la naturaleza humana aquel en que nadie es pobre y nadie desea ser más rico, ni tiene razón alguna para temer ser derribado en la escala social por los esfuerzos de otros que forcejean para subir.

Establece que únicamente con instituciones niveladoras y por medio de la cooperación social se puede avanzar en la democracia económica, tanto en los países pobres como en los ricos. Pues si bien en los primeros lo urgente es elevar la producción, en los segundos se debe trabajar en la distribu­ción, para lo cual ha de controlarse el aumento de la pobla­ción. Es decir, la humanidad deberá tender a un estado estacionario tanto en capital como en población, lo que no im­plica un estado estacionario con referencia al perfeccionamiento humano.

Resalta el rol que las instituciones han de desempeñar en los sistemas de producción. Pues considera que sólo con institucio­nes justas el crecimiento de la humanidad quedará sometido a la dirección consciente de una juiciosa revisión, y solamente entonces, los medios de mejorar y de elevarse pasarán a ser herencia universal.

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