Dos pesos de agua (1942) -7

—Vea —se extendio el visitante—, esto es una niega. Yo las he visto tremendas, con el agua llevandose animales, bohios, matas y gente. Horita se crecen todos los canos que yo he dejado atras, contimas que ta lloviendo duro en las cabezadas.
—Jum … Peor que esto fue la seca, don. Todo el mundo le salio huyendo, y yo la aguante.
—La seca no mata, pero el agua ahoga, dona. Todo eso —y senalo lo que el habia dejado a la puerta— ta anegado. Como tres horas tuve esta manana sin salir de un agua que me le daba en la barriga al mulo.
El hombre hablaba con voz pausada, y sus ojos grises, atemoriza- dos, vigilaban el incesante caer de la lluvia.
Al anochecer se fue. Mucho le rogo Remigia que no cogiera el camino con la oscuridad.
—Dispues es peor, dona. Van esos rios y se botan …
Remigia se fue a atender al nieto, que se quejaba debilmente.
Tuvo razon el hombre. iQue noche, Dios! Se oia un rugir sordo e inquietante; se oian retumbar los truenos; penetraban los reflejos de los relampagos por las multiples rendijas.
El agua sucia entro por los quicios y empezo a esparcirse en el suelo. Bravo era el viento en la distancia, y a ratos parecia arrancar arboles. Remigia abrio la puerta. Un relampago lejano alumbro el sitio de Paso Hondo. Agua y agua! Agua aqui, alia, mas lejos, entre los troncos escasos, en los lugares pelados. Debia descender de las lomas y en el camino real formaba un no torrentoso.
—Sera iina nieja? —se pregunto Remigia, dudando por vez primera. Pen) cerro la puerta y entro. Ella tenia fe; una fe inagotable, mas que lo habia sido la sequia, mas que lo seria la lluvia. Por dentro, su bohio estaba tan mojado como por fuera. El muchacho se encogia en el catre, rehuyendo las goteras.
A medianoche la desperto un golpe en una esquina de la vivien- da. Se fue a levantar, pero sintio agua hasta casi las rodillas. Bramaba afuera el viento. El agua batia contra los setos del bohio. Entonces Remigia se lanzo del catre, como loca, y corrio a la puerta.
Que noche, Dios; que noche horrible! Llegaba el agua en gol- pes; llegaba y todo lo cundia, todo lo ahogaba. Restallo otro relampa- go, y el trueno desgajo pedazos de oscuro cielo.
Remigia sintio miedo.
—Virgen Santisima! —clamo—Virgen Santisima, ayudame!
Pero no era negocio de la Virgen, ni de Dios, sino las Animas, que alia arriba gritaban:
—Ya va medio peso de agua! Ya va medio peso!
Cuando sintio el bohio torcerse por los torrentes, Remigia desis- tio de esperar y levanto al nieto. Se lo pego al pecho; lo apreto, febril; lucho con el agua que le impedia caminar; empujo, como pudo, la puerta y se echo afuera. A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabia adonde iba. El terrible viento le destrenzaba el cabello, los relampagos verdeaban en la distancia. El agua crecia, crecia. Levanto mas al nieto. Despues tropezo y tomo a pararse. Seguia sujetando al nino y gritando:
—Virgen Santisima, Virgen Santisima!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>