Dos pesos de agua (1942) -4

El exodo continuaba. Cada dia se cerraba un nuevo bohio. Ya la tierra parda se resquebrajaba; ya solo los espinosos cambronales se sostenian verdes. En cada viaje el agua del arroyo era mas escasa. A la semana habia tanto lodo como agua; a las dos semanas el cauce era como un viejo camino pedregoso, donde refulgia el sol. La bestia, desesperada, buscaba donde ramonear y batia el rabo para espantar las moscas.
Remigia no habia perdido la fe. Esperaba las seiiales de lluvia en el alto cielo.
—Animas del Purgatorio! —ciamaba de rodillas—. j Animas del Purgatorio! jNos vamos a moiir achicharrados si ustedes no nos ayudan!
Dias despues el potro bayo amanecio triston e incapaz de levan- tarse; esa misma tarde el nieto se tendio en el catre, ardiendo en fiebre. Remigia se echo afuera. Anduvo y anduvo, llamando en los distantes bohios, levantando los espiritus.
—Vamos a hacerle un rosario a San Isidro —decia.
—Vamos a hacerle un rosario a San Isidro —repetia.
Salieron una madrugada de domingo. Ella llevaba el nino en brazos. La cabeza del muchacho, cargada de calenturas, pendia como un bulto del hombro de su abuela. Quince o veinte mujeres, hombres y ninos desharrapados, curtidos por el sol, entonaban canti- cos tristes, recorriendo los pelados caminos. Llevaban una imagen de la Altagracia; le encendian velas; se arrodillaban y elevaban ruegos a Dios. Un viejo flaco, barbudo, de ojos ardientes y acerados, con el pecho desnudo, iba delante golpeandose el estemon con la mano descamada, mirando a lo alto y clamando:
San Isidro Labrador! San Isidro Labrador!
Trae el agua y quita el sol, San Isidro Labrador!
Sonaba ronca la voz del viejo. Detras, las mujeres planian y alzaban los brazos.
Ya se habian ido todos. Paso Rosendo, paso Toribio con una hija medio loca; paso Felipe; pasaron otros y otros. Ella les dio a todos pare velas. Pasaron Us ultimos, una gente a quienes no conocia; Mcvahan un vicjo cnfcrmo y no podian con su tristeza; ella les dio para velas.
St’ podia tender la vista sin tropiezos y ver desde la puerta del holuo el calcinado paisaje con las lomas peladas al final; se podian ver Uvs cauces sccos de los arroyos.
Ya nadie esperaba lluvia. Antes de irse los viejos juraban que Oil vs habia castigado el lugar y los jovenes que tenia mal de ojo.
Remigia esperaba. Recogia escasas gotas de agua. Sabia que habia que empezar de nuevo, porque ya casi nada quedaba en la higuera, y el conuco estaba pelado como un camino real. Polvo y sol; sol y polvo. l-i maldicion de Dios, por la maldad de los hombres, se habia realizado alii; pero la maldicion de Dios no podia acabar con la fc de Remigia.

 

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