Dos pesos de agua (1942) -3

Comenzo la desesperacion. La gente estaba ya transida y la propia tierra quemaba como si despidiera Uamas. Todos los arroyos cercanos habian desaparecido; toda la vegetacion de las lomas habia sido quema- da. No se conseguia comida para los cerdos; los asnos se alejaban en busca de may as; las reses se perdian en los recodos, lamiendo raices de arboles; los muchachos iban a distancias de medio dia a buscar latas de agua; las gallinas se perdian en los montes, en procura de insectos y semillas.
—Se acaba esto, Remigia. Se acaba —lamentaban las viejas.
Un dia, con la fresca del amanecer, paso Rosendo con la mujer, los dos hijos, la vaca, el perro y un mulo flaco cargado de trastos.
—Yo no aguanto, Remigia; a este lugar le han hecho mal de ojo.
Remigia entro en el bohio, busco dos monedas de cobre y volvio.
—Tenga; prendale esto de velas a las Animas en mi nombre —re- comendo.
Rosendo cogio los cobres, los miro, alzo la cabeza y se canso de ver cielo azul.
—Cuando quiera, vayase a Tavera. Nosotros vamos a parar un rancho alia, y dende agora es suyo.
—Yo me quedo, Rosendo. Esto no puede durar.
Rosendo volvio el rostro. Su mujer y sus hijos se perdian ya en la distancia. El sol parecia incendiar las lomas remotas.
El muchacho se habia puesto tan oscuro como un negro. Un dia se le acerco:
—Mama, uno de los puerquitos parece muerto.
Remigia se fue a la pocilga. Anhelantes, resecas las trompas, flacos como alambres, los cerdos grunian y chillaban. Estaban apelotonados, y cuando Remigia los espanto vio restos de un animal. Comprendio: el muerto habia alimentado a los vivos. Entonces deci- dio ir ella misma en busca de agua para que sus animates resistieran.
Echaba por delante el potro bayo; satfa de madrugada y retoma- ba a medio dia. Incansable, tenaz, silenciosa, Remigia se mantema sin
una queja. Ya sentia menos peso en la higiiera; pero habia que seguir sacrificando algo para que las Animas tuvieran piedad. El camino hasta el arroyo mas cercano era largo; ella lo hacia a pie, para no cansar la bestia. El potro bayo tenia las ancas cortantes, el pescuezo flaco, y a veces se le oian chocar los huesos.

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