Dos pesos de agua (1942) -2

Iba tejiendo su vida asi, con el nieto colgado del corazon.
—Pa ti trabajo, muchacho —le decia—. No quiero que pases calores, ni que te vayas a malograr como tu taita.El nino la miraba. Nunca se le oia hablar, y aunque apenas alzaba una vara del suelo, madrugaba con su machete bajo el brazo y el sol le salia sobre la espalda, limpiando el conuco.
La vieja Remigia tenia sus esperanzas. Veia crecer el maiz, veia florecer los frijoles; oia el grunido de sus puercos en la pocilga cercana; contaba las gallinas al anochecer, cuando subian a los palos. Entre dias descolgaba la higiiera y sacaba los cobres. Habia muchos, llego tambien a haber monedas de plata de todos tamanos.
Con temblores en la mano, Remigia acariciaba su dinero y sona- ba. Veia al muchacho en tiempo de casarse, bien montado en brioso caballo alazano, o se lo figuraba tras un mostrador, despachando botellas de ron, varas de lienzo, libras de azucar. Sonreia, tomaba a guardar su dinero, guindaba la higiiera y se acercaba al nieto, que dormia tranquilo.
Todo iba bien. Pero sin saberse cuando ni como se presen- to aquella sequia. Paso un mes sin llover, pasaron dos, pasaron tres. Los hombres que cruzaban por delante de su bohio la saludaban diciendo:
—Tiempo bravo, Remigia.
Ella aprobaba en silencio. Acaso comentaba:
—Prendiendo velas a las Animas pasa esto.
Pero no llovia. Se consumieron muchas velas y se consumio tambien el maiz en sus tallos. Se oian crujir los palos; se veian enflaquecer los canos de agua; en la pocilga empezo a endurecerse la tierra. A veces se cargaba el cielo de nubes; alia arriba se apelotonaban manchas grises; bajaban de las lomas vientos humedos, que alzaban montones de polvo.
—Esta noche si Ilueve, Remigia — aseguraban los hombres que cruzaban.
—Por fin! Va a ser hoy —decia una mujer.
—Ya esta casi cayendo —confiaba un negro.
La vieja Remigia se acostaba y rezaba: ofrecia mas velas a las Animas y esperaba. A veces le parecia sentir el roncar de la lluvia que descendia de las altas lomas. Se dormia esperanzada; pero el cielo amanecia limpio como ropa de matrimonio.

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