Dos pesos de agua (1942) -1

La vieja REMIGIA sujeta el aparejo, alza la pequena cara y dice:
—Dele ese rial fuerte a las Animas pa que llueva, Felipa.
Felipa fuma v calla. A1 cabo de tanto oir lamentar la sequia levanta los ojos y recorre el cielo con ellos. Claro, amplio y alto, el cielo se muestra sin una mancha. Es de una limpieza desesperante.
—Y no se ve ni an serial de nube —comenta.
Baja entonces la mirada. Los terrenos pardos se agrietan a la distancia. Alla, al pie de la loma. un bohio. La gente que viva en el, y cn los otros. y en los mas remotos. estara f>ensando como ella y como la vieja Remigia. ,Nada de lluvia en una sarta bien larga de meses! Los hombres prenden fuego a los pinos de las lomas; el resplandor de los candelazos chamusca las escasas hojas de los maizales; algunas chis- pas vuelan como pajaros, dejando estelas luminosas, caen y florecen en incendios enormes: todo para que ascienda el humo a los cielos, para que llueva … Y nada. Nada.
—Nos vamos a acabar, Remigia —dice.
La vieja comenta:
—Pa lo que nos falta.
I a sequia habia empezado matando la primera cosecha; cuando se bubo hecho larga y le saco todo el jugo a la tierra, les cayo encima a los arroyos; poco a poco los cauces le fueron quedando anchos al agua. las piedras surgieron cubiertas de lamas y los pececillos emigra- ron corriente abajo. Infinidad de canos acabaron por agotarse, otros por tornarse lagunas, otros lodazales. Sedientos y desesperados, mu- chos hombres abandonaron los conucos, aparejaron caballos y se fueron con las familias en busca de lugares menos aridos.
La vieja Remigia se resistia a salir. Algun dia caeria el agua; alguna tardc se cargaria el cielo de nubes; alguna noche romperia el canto del aguacero sobre el ardido techo de yaguas.
Desde que se quedo con el nieto, despues que se llevaron al hijo en una parihuela, la vieja Reraigia se hizo hurana y guardadora. Pieza a pieza fue juntando sus centavos en una higiiera con ceniza. Los centavos eran de cobre. Trabajaba en el conuquito, detras de la casa; sembraba maiz y frijoles. El maiz lo usaba en engordar los polios y los cerdos; los frijoles Servian para la comida. Cada dos o tres meses reunia los polios mas gordos y se iba a venderlos. Cuando veia un cerdo mantecoso, lo mataba; ella misma detallaba la came y de las capas extraia la grasa; con esta y con los chicharrones se iba tambien al pueblo. Cerraba el bohio, le encargaba a un vecino que le cuidara lo suyo, montaba al nieto en el potro bayo y lo seguia a pie. En la noche estaba de vuelta.

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