Apuntes sobre el arte de escribir cuentos (1958)-4

El cuento es un genero literario escueto, al extremo de que un cuento no debe construirse sobre mas de un hecho. El cuentista, como el aviador, no levanta vuelo para ir a todas partes y ni siquiera a dos puntos a la vez; e igual que el aviador, se halla forzado a saber con seguridad adonde se dirige antes de poner la mano en las palancas que mueven su maquina.
La primera tarea que el cuentista debe imponerse es la de apren-der a cUstinguir con precision cual hecho puede ser tema de un cuento. Habiendo dado con un hecho, debe saber aislarlo, limpiarlo de apariencias hasta dejarlo libre de todo cuanto no sea expresion legitima de su sustancia; estudiarlo con minuciosidad y responsabili- dad. Pues cuando el cuentista tiene ante si un hecho en su ser mas autentico, se halla frente a un verdadero tema. El hecho es el tema, y en el cuento no hay lugar sino para un tema.
Ya he dicho que aprender a discernir donde hay un tema de cuento es parte esencial de la tecnica del cuento. Tecnica, entendida en el sentido de la tekne griega, es esa parte de oficio o artesanado indispensable para construir una obra de arte. Ahora bien, el arte del cuento consiste en situarse frente a un hecho y dirigirse a el resuelta- mente, sin darle caracteres de hechos a los sucesos que marcan el camino hacia el hecho; todos esos sucesos estan subordinados al hecho hacia el cual va el cuentista; el es el tema.
Aislado el tema, y debidamente estudiado desde todos sus angu- los, el cuentista puede aproximarse a el como mas le plazca, con el lenguaje que le sea habitual o connatural, en forma directa o indirec-ta. Pero en ningun momento perdera de vista que se dirige hacia ese hecho y no a otro punto. Toda palabra que pueda darle categoria de tema a un acto de los que se presentan en esa marcha hacia el tema, toda palabra que desvie al autor un milimetro del tema, estan fuera de lugar y deben ser aniquiladas tan pronto aparezcan; toda idea ajena al asunto escogido es yerba mala, que no dejara crecer la espiga del cuento con salud, y la yerba mala, como aconseja el Evangelio, debe ser arrancada de raiz.
Guando cl cuentista esconde cl hecho a la atencion del lector, lo va sustravendo frase a frase de la vision de quien lo lee pero lo nun tie ne presente en el fondo de la narracion y no lo muestra sino sorprcevamente en las cineo o seis palabras finales del euento, ha constniido el euento segun la mejor tradicion del genero. Pero los casos en que puede hacer esto sin deformar el curso natural del relate no abundan. Mucho mas importante que el final de sorpresa es nuntener en avance continuo la marcha que lo lleva del punto de partida al hecho que ha escogido como tema. Si el hecho se halla antes de llegar al final, es decir, si su presencia no coincide con la ultima escena del euento, pero la manera de llegar a el fue recta y la marcha se mantuvo en ritmo apropiado, se ha producido un buen euento.
Todo lo contrario resulta si el cuentista esta dirigiendose hacia dos hechos; en ese caso la marcha sera zigzagueante, la linea no podra ser recta, lo que el cuentista tendra al final sera una pagina confusa. sin earacter, cualquier cosa. pero no un euento. Hace poco recordaba que euento quiere decir llevar la cuenta de un hecho. El origen de la palabra que define el genero esta en el vocablo latino computus, el mismo que hoy usamos para indicar que llevamos cuenta de algo. Hay un oculto sentido matematico en la rigurosidad del euento; como en las matematicas, en el euento no puede haber confusion de valores.
El cuentista avezado sabe que su tarea es llevar al lector hacia ese hecho que ha escogido como tema; y que debe Ilevarlo sin decirle en que consiste el hecho. En ocasiones resulta util desviar la atencion del lector haciendole creer, mediante una frase discreta, que el hecho es otro. En cada parrafo, el lector debera pensar que ya ha llegado al corazon del tema; sin embargo no esta en el y ni siquiera ha comenzado a entrar en el circulo de sombras o de luz que separa el hecho del resto del relato.
El euento debe ser presentado al lector como un fruto de nume- rosas cascaras que van siendo desprendidas a los ojos de un niiio goloso. Cada vez que comienza a caer una de las cascaras, el lector esperara la almendra de la fruta; creera que ya no hay cortezas y que ha llegado el momento de gustar el anhelado manjar. De parrafo en parrafo, la accion interna y secreta del euento seguira por debajo de la accion externa y visible; estara oculta por las acciones accesorias, por una actividad que en verdad no tiene otra finalidad que conducir al lector hacia el hecho. En suma, seran cascaras que al desprenderse iran acercando el fruto a la boca del goloso.

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