A manera de conclusión: desafíos y perspectivas de la teoría del desarrollo económico neoinstitucional -7

Los derechos individuales son impensables sin un gobierno fuerte, que articule y fomente los derechos sociales. Estos derechos son los incentivos sine qua non para que los agentes se involucren en los modelos de desarrollo, en los modelos de crecimiento y en las políticas económicas con su inversión, capital, trabajo, ahorro, comercio y, en general, la actividad económica.
La segunda condición que se requiere para que una economía de mercado pueda generar prosperidad es que la predación se elimine en sus distintas formas: robo, corrupción, confiscación, rentas monopólicas, abusos de poder, etc. Al eliminar la predación, se debe de promover la competencia y mejorar la regulación económica para disminuir la corrupción y la rapiña económica y social. En efecto, recientemente, se han encontrado evidencias de una mejoría en el marco regu- latorio, y un fortalecimiento de la política de promoción de competencia favorecen significativamente el abatimiento de la corrupción, mejoran la gobernabilidad, aumentan la credibili¬dad en el gobierno y sus políticas y, en general, pueden estar asociados a un mejor desempeño económico.
La presencia de incentivos a la predación, son ubicuos y no sólo exclusivos de países con derechos individuales débiles. En efecto, existe un tipo de predación que puede ocurrir en sociedades con derechos individuales bien pro-tegidos y extendidos, porque los grupos de interés a través de sus actividades de cabildeo, pueden desarrollar sus intereses especiales. Por ejemplo, cuando se acuerda fijar una regulación, establecer un precio, o pactar un subsidio. En cada uno de estos casos la negociación es compleja, lleva tiempo y se incurre en costos, lo cual puede infringir pérdi-das a la sociedad, si, por ejemplo, se llega a una regulación inadecuada.
El grupo mejor organizado es el mejor dotado para imponer una política regulatoria, pero lo hará para favorecer sus intereses económicos estrechos, independientemente de las pérdidas sociales. Así, una regulación mal diseñada, un subsidio mal asignado, un precio mal establecido, van a generar distorsiones, ineficiencia, y, finalmente, una economía con incentivos perversos, que alimentará per sécula seulorum la pobreza. Y por supuesto, este fenómeno puede ocurrir tanto en economías de democracia real o aparentemente desarrollada, pero con mayor razón en países en donde se presenta una transición de sus estructuras regulatorias, que son débñes o inexistentes.

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